Viernes, 19 Enero, 2018

            

Dónde comer leyendo en Granada

“Hogar es donde lees” (Lenin Pérez)

Men Marías @MenMarias


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Nuestra maravillosa ciudad, Granada, ha hecho célebre el puchero por aquello de servirlo en tapa. Son muchos los que se acercan a esta preciosa región del sur, que regala tantos besos de temperatura, a disfrutar del famoso aperitivo conocido en todo el país. Una rápida búsqueda en Google nos permite saber, al instante, cuáles son los locales de moda para degustarlas pero, si investigan, poco podrán encontrar sobre en cuáles de estos locales se puede leer. Porque no se puede en todos.

La comida y la literatura no son tan diferentes, si lo piensan, pues ambas son alimento. Como todos sabemos, en el nutriente hay gamas, exquisiteces, manjares, platos que estimulan las papilas gustativas de forma especial y, lejos de dejarnos satisfechos, nos dejan felices. Se me ocurren, pues, pocas combinaciones tan ganadoras como la de comer en un lugar en el que se pueda leer. En mi caso, adoro tanto cenar acompañada de personas como desayunar y comer en la compañía de personajes y, siempre que me es posible, respeto la norma. Personalmente, he encontrado pocos placeres que se acerquen, ni por asomo, al de una buena comida en compañía de un buen libro. Sin embargo, me resulta muy complicado encontrar lugares en los que se pueda leer. Para hacerlo, en primer lugar, hace falta estar solo y cuando así nos encontramos nos volvemos de lo más exigentes, pues es mucho más difícil complacerse a uno mismo que complacer a los demás. ¿Les suena esta conversación?:

– ¿A dónde vamos?
– A donde tú quieras.
– No, a mí me da igual.
– Sí, sí, a mí también; elige tú (y así hasta que uno dice “¿entramos aquí y dejamos de dar vueltas?”).

En compañía de personas nos adaptamos a sus gustos y deseos pero, cuando se trata de satisfacer los nuestros, nos volvemos de lo más tiranos. Así y como decía, encontrar un lugar en el que uno esté cómodo (pocas palabras tan difíciles como esa) es muy complicado. Hoy les quiero revelar los dos sitios que he encontrado en Granada, después de una vastísima búsqueda, para disfrutar de la comida y la lectura sin interrupciones de ningún tipo.

Empecemos por el desayuno. En mi caso, si no he desayunado, todo el que me rodea lo sabe. Es la única comida a la que no soy capaz de renunciar y, si me veo obligada a hacerlo, no lo asimilo bien y me pesa el resto del día. De hecho, más que una comida, me parece un rito, toda una ceremonia. El cuerpo no ha comido, bebido ni leído nada en horas. Parece un reencuentro, una reconciliación. Nada tan bravo como las ganas.

Hay una pequeña cafetería en el número 11 de la calle Postigo de Zarate (si van por San Jerónimo en la callecita que entra a la derecha en dirección a la plaza con el mismo nombre) llamada D’eti coffe and cake regentada por un simpático londinense. ¿Han leído ustedes París era una fiesta de Hemingway? Si no es así se lo recomiendo profundamente, pero el caso es que esta cafetería me recuerda a los cafés que el autor frecuentaba con los Fitzgerald en la Plaza de Saint Michel en el París de los años treinta. La palabra acogedor tiene más peligro que una caja de bombas, pues es de esos pocos términos que existen en español capaces de definir algo sin necesidad de utilizar más palabras y, precisamente por su concreción, la hemos utilizado tanto que se ha desvirtuado por la exageración. Encontrar un lugar acogedor es muy complicado, a veces parece imposible, insisto en que la mayoría de las veces en las que utilizamos el término estamos exagerando. La cafetería D’eti es de esos pocos lugares que merecen el adjetivo realmente. Al entrar se percibe una sensación de extraña calidez, extraña porque no se sabe bien de dónde procede. Es un calor afectuoso, amable, que huele a mantequilla derretida y suena a Édith Piaf entonando la vie en rose. Los hay que dirían que el lugar es pequeño, pero a mi me parece adecuado. Tiene el espacio suficiente para que uno se sienta dentro, sin sentirse demasiado dentro y a la vez fuera, sin sentirse demasiado fuera. Esto es, no hay interrupciones y con interrupciones me refiero a las de uno mismo que no son otras que esa vocecita que dice “hay que irse” porque, en el fondo, uno está en una cafetería y no en su casa. En D’eti esto no sucede, todo lo contrario, su dueño ha sido capaz de generar un ambiente tan íntimo que a uno termina pareciéndole propio. Es el lugar perfecto para desayunar con Walt Whitman o T.S. Elliot a la vez que se toma su maravilloso café. Los amantes del café bien saben que tomar uno de estos es una auténtica ceremonia, y el que sirven en esta cafetería es un espectáculo para el paladar. Además, disponen de leche de soja, almendras, avena… para acompañar. Los vegetarianos bien saben que, para nosotros, no es sencillo encontrar tanta variedad y resulta verdaderamente frustrante no poder desayunar café por esta causa. Es el lugar perfecto, también, para comenzar el día con John Le Carré, Ernesto Sabato, Víctor del Árbol o Jane Austen a la vez que se toma una de sus deliciosas tostadas o bizcochos caseros. Les recomiendo el de calamanzoria (vegano) e, igualmente, les animo a preguntar al propietario qué es calamanzoria si es que no llevan ningún libro ese día pues, les aseguro, que las historias que le he escuchado contar sobre el origen del bizcocho nada tienen que envidiar a las de Cortázar (de hecho, este es el mejor lugar para leer a Cortázar que he encontrado hasta ahora).

No muy lejos de este lugar se encuentra, en el número 16 de la calle Laurel, el restaurante que recibe el mismo nombre: Al Laurel. Si bien es cierto que este restaurante es vegetariano, también lo es que no hace falta serlo para tomar esta comida de vez en cuando. De hecho, he estado en este lugar con personas que disfrutan de la carne como las que más y que toman esta comida con gusto esporádicamente. Las mañanas nos suelen consumir pues es cuando estamos acostumbrados a trabajar más intensamente y no hay nada mejor que ese momento en el que todos aceptamos que hemos de parar para comer. Y leer, por qué no. Cada vez que como aquí lo hago con una novela. La última fue Nada, de Carmen Laforet. En este maravilloso lugar encontramos un ambiente que parece decir “para. Cálmate. Relájate”. No hace mucho que lo descubrí, quizás un año y medio, y se ha convertido en mi favorito por goleada. Como decía, hay una atmósfera que parece invitar al aflojamiento, a la distensión. Se trata de un lugar que tiene un ambiente seductor que descarta la prisa y las urgencias nada más cruzar su puerta para abandonarse al placer de estar con uno mismo; cada vez que voy tengo la sensación de que, al menos durante una hora, desparecen los problemas pues su entorno me obliga a no pensar en ellos. Es momento para cuidarse.

Mimarse. Al Laurel invita a la lectura, es el escenario perfecto para ella a la vez que, también, se ingiere alimento para el cuerpo. En este sentido su carta y menú diario son sensacionales. ¿Han oído eso de preparar la comida con cariño? Yo diría que demasiado, nos encanta tomar palabras y repetirlas hasta el extremo convirtiéndolas en algo carente de significado. En Al Laurel esa forma de cocinar es latente. A veces da la sensación de que uno va a encontrar algo en su plato que no sabe bien qué es y resulta ser cariño. Cuando hacemos las cosas con amor se nota. No importa que se trate de limpiar, cocinar, arreglar una tubería o escribir una obra de teatro, cuando uno trabaja con amor este se aprecia en el resultado a la perfección. Por eso lo excelente es excelente, y por ese motivo Al Laurel es mi restaurante preferido en Granada. El sitio es perfecto para comer con Jonathan Franzen, Pierre Lemaitre, Bram Stoker o Dostoievski (con este último, quizás, el que más). Su forma de cocinar la soja y el seitán es espectacular y las verduras que sirven se corresponden, perfectamente, con los alimentos ecológicos que tanto necesita nuestro cuerpo en una época como esta en la que vivimos donde tanto lo maltratamos. El único problema que tiene este lugar es que se puede comer cualquier cosa, pues todo lo que ofrecen es exquisito, sin embargo, no se puede leer allí cualquier libro, hay que ser selectos para que un mal título (que, por desgracia, hay bastantes) no nos arruine tan deliciosa comida.

Si no lo hacen ya, les invito a unir el alimento del cuerpo y el del espíritu en un solo acto de comer. Créanme, no hay digestiones mejores.

Comments

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  1. Gracias a su recomendación hoy he disfrutado de una agradable comida vegetariana releyendo a García Márquez. Delicioso, todo. Mil gracias. Muy fan de sus opiniones.