Domingo, 17 Diciembre, 2017

            

Diálogo y pacto en torno a la investidura: los motivos de Ciudadanos

Agustin Palomar | @agupalomar


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La tribuna de oradores ha sido el efímero lugar de la palabra en el comienzo de esta nueva singladura de nuestra democracia. Como era de esperar, las exposiciones de los diferentes portavoces no han tenido el mínimo efecto en las votaciones finales. Pero hay que reconocer que la tribuna es sólo el lugar para la exposición de la palabra y que actúa, de este modo, como mediación entre las palabras que se comprometen en las negociaciones previas y el resultado final de esa palabra, sin espíritu, en la democracia que es la votación. El hecho final, que hemos de analizar, es que el intento de poner las vestiduras a un representante para que fuera Presidente y formar Gobierno ha quedado en agua de borrajas. Y ahora, tras esa liturgia, hemos quedado a merced, en nuestro momento político, de una incertidumbre que nunca antes habíamos tenido. Los españoles, mientras tanto, han seguido en sus trabajos, con sus ocupaciones y sus vidas, pero, aunque hayan observado el espectáculo que se les ha ofrecido con gusto o con indeferencia, pueden sostener que, al fin y al cabo, el trabajo que se les había encomendado a nuestros representantes en las elecciones no se ha hecho.

De la misma manera, pongamos por caso, que el albañil trabaja con el cemento para construir y el agricultor con la tierra para producir, la herramienta del político es la palabra, bien sea ésta entendida como lugar de encuentro, de oposición, de acuerdo, de exposición, etc. La política no puede prescindir de ninguna de las formas en las que las palabras entran en juego en nuestra vida; pero, en cada uno de los momentos de la vida política, ha de entrar en este juego preferentemente en uno de estos modos del discurso. Y es evidente que ahora, las palabras que tienen que predominar son: “negociación”, “entendimiento”, “pacto” y “consenso”. No creo que nuestra sociedad ni nuestro tiempo político se asemejen mucho a los del tiempo de la transición, pero si han de asemejarse en algo es en el uso predominante que tendría que tener este discurso y, sobre todo, en la voluntad que lo hace efectivo políticamente. A las siempre oportunas palabras de oposición, a las fundamentales del disenso, a las que obedecen a antiguas pertenencias, como las de los nacionalismos, y sobre todo a las que son fruto de la mera estrategia política, hoy tienen que antecederle las palabras con las que se construyen, en el diálogo, los acuerdos.

En nuestro arco parlamentario sólo Ciudadanos parece haber entendido de hecho esta tarea de construcción política que es obra de las palabras y que se ha hecho necesaria en nuestra vida política tras la quiebra del bipartidismo.  Antes para que funcionara la vida parlamentaria bastaba, digámoslo grosso modo, con el uso de una palabra pro-puesta y otra opuesta, bastaba con un partido en el Gobierno y un partido en la Oposición.  Es cierto que, en la ya no tan breve historia de nuestra democracia, se hicieron acuerdos para la gobernabilidad, pero estos se hacían con fuerzas políticas minoritarias que facilitaban el gobierno pero que dejaban siempre intacto al otro partido mayoritario en la oposición. Pues bien, esto es lo que ahora ha cambiado y esta es la exigencia a la que tienen que responder estos partidos políticos, no como organizaciones de la vida social sino como representantes en el Congreso de esa sociedad. Sencillamente, nuestra democracia no puede permitirse que aquellos que han sido elegidos por nosotros para nuestro gobierno no se pongan de acuerdo. O dicho positivamente: todos los partidos políticos que defienden los fundamentos de la democracia liberal y que promueven sus valores están hoy convocados al ejercicio de la responsabilidad del diálogo y del acuerdo. La verdadera regeneración de los partidos comenzará cuando se articule el modo en el que nuestros representantes dejen sus legítimos intereses individuales y partidistas a un lado para trabajar desde el entendimiento por el interés común o general.

 Pues bien, el momento de incertidumbre al que nos hemos visto abocados tiene en la falta de comprensión de esto su razón. En primer lugar, visto desde lo expuesto, Rajoy no asumiendo el mandato de representación que tenía como fuerza política más votada y actuando de manera meramente estratégica, dejó el espacio para que Sánchez ocupara el lugar vacante para la investidura.

A nadie se le escapa que Sánchez quiso asegurarse el centro con Ciudadanos pero sin dejar de mirar a la izquierda radical, porque, el líder socialista, que tampoco ha salido del esquema del bipartidismo y del binario de numeración, ese que sólo quiere sumar por un lado, lo que ha pretendido en realidad es hacer un frente común de izquierdas apoyado por Ciudadanos para no tener que verse las caras con el PP. Y claro está, así las cosas, el acuerdo para la investidura no puede prosperar, porque, o bien Sánchez se mantiene más cercano al centro y entra en diálogo con el PP, o bien recibe el apoyo de la izquierda perdiendo el centro que le da Ciudadanos. Quien siga pensando bajo el esquema del bipartidismo en el cual la palabra solamente vale como proposición u oposición, el trabajo de Ciudadanos, quizás, sea poco comprensible, por ejemplo, porque piense que no ha llegado de facto al fin que se pretendía,  o porque le resulte difícil aceptar esa “alianza” con un PSOE que se escora demasiado a la izquierda con el único fin, parece a veces, de desalojar del poder al PP, o porque considere injusta la responsabilidad no asumida por el propio Rajoy en este proceso.

Pero hay que decir que Ciudadanos ha hablado con quien se ha expuesto al diálogo, y ha insistido, de una manera u otra, que en ese acuerdo con el que se pone en marcha el Gobierno de una legislatura, y que lleva nombre de acto litúrgico, tienen que estar presentes todos aquellos en cuya palabra recae la responsabilidad de hacer del Congreso el verdadero lugar de la representación pero también de la garantía de los derechos que se derivan del principio que da origen y fundamento a nuestra democracia: el  de la soberanía popular. Ciudadanos ha hecho lo que podía y, sobre todo, lo que tenía que hacer si es verdad que el discurso del diálogo, del pacto y de la responsabilidad tiene que abrirse paso sobre otros discursos para centrar a aquellas fuerzas políticas que, enroscadas en sí mismas, permanecen también enrocadas para que nada se mueva. Obviamente, hubiera sido preferible que el partido más votado hubiera dado un paso al frente y, aunque fracasara en la negociación, se hubiera expuesto en el ejercicio del diálogo y del entendimiento. Porque la cuestión fundamental es la de si el diálogo en sí mismo tiene o no valor en la democracia.

Creo que hay que empezar a valorar que no puede hablarse de fracaso en una verdadera cultura democrática allí donde se ha entrado en diálogo porque, como bien sabemos en nuestra vida más cotidiana, aunque no siempre los diálogos se traducen en acuerdos y entendimientos, no por eso dejamos de hablar ni deja de tener sentido para nosotros entrar una y otra vez, como dice Gadamer, en el diálogo que somos. Y es que, para la convivencia, también para la convivencia política, a veces es más importante el hecho de exponerse en las palabras que el mantenerse en el mutismo hierático de quien mira las cosas como dejándolas pasar. Porque, al fin y al cabo, la política no es sino aquello en lo que, por definición, nos va la vida, como comunidad, a todos. La mesa del buen negociador y la tribuna del buen orador exigen hoy otra manera de hablar. ¿Se sentarán y se subirán a ellas de nuevo nuestros políticos conociendo que en sus palabras nuestra vida en común está en juego?

 

 

Comments

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  1. Gran artículo, Sensato y Coherente con el pensamiento de muchos Españoles. Hasta ahora solo Ciudadanos parece haberlo entendido, esperemos que lo entiendan los demás actores de esta “tragicomedia”.

  2. Totalmente de acuerdo, como siempre disfruto leyendo tus articulos. La situación es atípica, hay que hacer los deberes