Miércoles, 22 Noviembre, 2017

            

Descubren el papel de la piel en el control de la presión arterial y la frecuencia cardiaca

En su caso, buscaban comprender el ciclo de retroalimentación entre la piel y el sistema cardiovascular

Foto: EP
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Investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y el Instituto Karolinska (Suecia) han descubierto en un estudio en ratones que la piel puede jugar un papel sorprendente en la regulación de la presión arterial y la frecuencia cardiaca.

En concreto, según detallan en un estudio publicado en la revista ‘eLife’, han visto que el órgano más grande del cuerpo ayuda a regular la presión arterial y la frecuencia cardiaca cuando hay cambios en los niveles de oxígeno disponibles en el ambiente.

La hipertensión se asocia con enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio o los accidentes cerebrovasculares. Y aunque en la mayoría de casos no tiene un origen perfectamente localizado, a menudo se asocia con un menor flujo en los pequeños vasos sanguíneos de la piel, un síntoma que puede empeorar progresivamente si la hipertensión no se trata.

Estudios previos han demostrado que cuando un tejido es privado de oxígeno, como sucede en regiones de gran altitud o en zonas con mucha contaminación, el flujo sanguíneo aumenta. Y en estas situaciones está controlado en parte por la familia de proteínas ‘HIF’.

Para investigar qué papel desempeña la piel en estos casos, los investigadores expusieron a una situación de poco oxígeno a un grupo de ratones modificados genéticamente para no producir determinadas proteínas HIF en la piel.

“La mayoría de investigaciones en este área tienden a analizar el papel de órganos como el cerebro, el corazón y los riñones, por lo que sabemos muy poco sobre el rol de otros tejidos y órganos”, ha destacado el profesor Randall Johnson, del Departamento de Fisiología, Desarrollo y Neurociencia de Cambridge y uno de los autores de este trabajo.

En su caso, buscaban comprender el ciclo de retroalimentación entre la piel y el sistema cardiovascular y, al trabajar con ratones, pudieron manipular los genes claves en este ciclo.

Así, vieron que en los ratones que carecían de una de estas dos proteínas en la piel (HIF-1a o HIF-2a) la respuesta a bajos niveles de oxígeno cambió en comparación con ratones normales, y esto afectó a su frecuencia cardiaca, presión arterial, temperatura de la piel y niveles generales de actividad. Y los ratones que carecían de ambas proteínas también respondieron de manera similar.

Además, vieron que incluso la respuesta de los ratones normales y sanos a la falta de oxígeno era más compleja de lo que se pensaba. En los primeros 10 minutos aumentaba la presión arterial y la frecuencia cardiaca y luego continuaba un período de hasta 36 horas en el que ambos indicadores disminuían por debajo de los niveles normales.

HASTA 48 HORAS DESPUÉS NO RECUPERAN LA NORMALIDAD

Y alrededor de 48 horas después de la exposición a unos bajos niveles de oxígeno, la presión arterial y los niveles de frecuencia cardiaca volvieron a la normalidad.

De igual modo, en el estudio descubrieron que la pérdida de las proteínas HIF u otras involucradas en la respuesta a la falta de oxígeno en la piel cambiaba de forma drástica cuando comenzaba todo este proceso.

“Unos hallazgos que sugieren que la respuesta de la piel a los bajos niveles de oxígeno puede tener efectos sustanciales en la forma en que el corazón bombea sangre alrededor del cuerpo”, ha añadido Andrew Cowburn, primer autor del trabajo.

Según este experto, los niveles bajos de oxígeno, ya sean temporales o sostenidos, son comunes y pueden estar relacionados con el entorno o con factores como el tabaquismo y la obesidad. “Y esperamos que nuestro estudio ayude a comprender mejor cómo la respuesta del cuerpo a tales condiciones puede aumentar el riesgo –e incluso la causa– de hipertensión”, ha destacado.

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