Lunes, 22 de Octubre de 2018

            

Derecho a enfadarme: la ira y su control

Juan Carles March | @joancmarch


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Serena Williams perdió hace unas semanas la final del US Open. Nosotros, con ello, seguro que hemos ganado una imagen: la de una mujer poderosa enfadada, mostrando su IRA, exigiendo, retando con sus palabras y con su cuerpo a un hombre y poniendo en tela de juicio lo que creía injusto.
Fue seguramente una respuesta un tanto agresiva y ese aspecto, pensamos que es muy MEJORABLE. Asimismo, también aparece la reclamación del derecho a enfadarse, a mostrar la ira cuando no se está de acuerdo con algo y uno/a siente un trato injusto.
Serena Williams se convirtió en la imagen de lo que muchas mujeres viven a diario y que muchas veces, demasiadas, no son capaces de describir. Cuando lo que es “normal” lo marcan los hombres y lo masculino, es difícil para las mujeres encontrar un hueco para que sus REIVINDICACIONES Y EMOCIONES vayan adelante.
Si el comportamiento de uno/a es agresivo –bien sea romper una raqueta, dar un golpe sobre la mesa, gritar,…– es probable que nos reprochen nuestras malas maneras e incluso que digan que estamos un poco locos/as. Además, si dejamos paso a las emociones, llorando, entonces nos tacharán de histéricos/as.
Las mujeres son tratadas de forma diferente en muchas áreas de la vida. Y lo que pasó en la pista con Serena, pasa con demasiada frecuencia. Sucede en los deportes y también, en las organizaciones. Las mujeres son penalizadas por tomar decisiones por sí mismas e intentar luchar contra un posicionamiento masculino dominante.
El actuar con doble rasero, los machismos sutiles o los llamados micromachismos, no son la excepción en la vida, sino la norma. A menudo, cuando se reacciona ante una de esas situaciones, muchas son las que se han quedado calladas. Por eso, a veces la reacción está cargada de frustración y rabia: no es lo que sucede un día en tu trabajo o en la calle, es lo que sucede todos los días en todas partes. Y para Serena Williams, la pista es su trabajo.
Hay quien valora estos comportamientos de enfado femenino como el equivalente a la sinrazón. Mientras que cuando lo hace un hombre, proviene de “decisiones racionales tomadas desde la más estricta calma y profesionalidad”, “Ellos no están fuera de control”, “No son histéricos, ni histriónicos. Ellos son personas que se quejan de lo que consideran injusto, seres racionales que defienden sus intereses. Quizá a veces cruzan la raya, pero nadie les acusará de hacerlo porque tienen la regla, la menopausia o cualquier otro fenómeno vinculado a la naturaleza”.
Hay demasiadas mujeres que dejan de pedir, de exigir, de entrar en despachos por miedo a romper en lágrimas y a ser juzgadas por ello. Porque una mujer enfadada o que llora es vista como un exceso o un producto de sus hormonas. Ante la agresividad o las lágrimas, el contenido del mensaje de las mujeres, para algunos hombres, se desvanece y solo quedan los prejuicios.
Y es que se tiene miedo al enfado. En sus subconscientes siguen esas consignas que escucharon desde pequeñas. “Enfadada estás más fea. Así no te va a querer nadie. No seas enfadica. Obedece. Sé dulce. Si te pones así les va a asustar”. Y en nuestra conciencia vemos a lo que se enfrentan las mujeres que desafían los estereotipos.
De todas formas, es importante APRENDER A ENFADARSE. Todo el mundo tiene derecho a hacerlo. Y así, como dijo Serena en la rueda de prensa tras la final, las cosas quizá no sean tan diferentes ahora pero sí lo serán para las próximas que vengan. Es evidente que hubo un COMPORTAMIENTO SEXISTA en ese espacio de debate y discusión entre Serena y el árbitro. No era solo una “rabieta” o “pataleta”. Y junto a ello, hay un aspecto a tener en cuenta y a defender: el derecho a la ira (en este caso femenina).
¿Tienen las mujeres derecho a enfadarse? ¿Tienen derecho a mostrar oposición cuando las decisiones les perjudican? ¿O sólo está socialmente aceptada la ira en los hombres? Defenderse o enfadarse en el trabajo, conduciendo, va para las mujeres a menudo asociado a “perder los papeles”. El riesgo de que se califique de histérica, amargada, o que alguien se pregunte si tiene la menstruacción está siempre ahí, como una norma casi infalible. Sin embargo, un cierto grado de agresividad y fiereza a la hora de defender los intereses propios es socialmente aceptado como algo natural en los hombres, incluso sano y valiente.
La ira de las mujeres es una fuerza muy poderosa, considerada como peligrosa y desestabilizadora, que siembra el caos en los espacios más tranquilos. Los estereotipos sobre la ira femenina abundan: la esposa chillona, la exnovia loca, las feminazis y las mujeres cabreadas. Estas expresiones son lugares comunes a los que se recurre con facilidad cuando la ira de una mujer amenaza con romper el orden social. Y aun así, a pesar de las advertencias y los desprecios, existen mujeres que se han negado a permanecer en silencio, desatando su ira y dejando desbordarse. En sus manos, la IRA es una negativa radical a permanecer calladas, una negativa a esconder sus emociones.
Parece una tarea casi imposible, dado que se ha ido demostrando en un estudio tras otro que las mujeres experimentan tasas más elevadas de ira y las sienten con mayor intensidad y persistencia que los hombres. Y los motivos para dicha ira, según la ciencia moderna, no son en absoluto abstractos: las mujeres se sienten más airadas cuando se las trata con condescendencia, se las ignora o se las rechaza. Una investigación reveló que, de forma apabullante, “las mujeres tienden a sentirse airadas por los comportamientos negativos de los hombres, mientas que los hombres tienden a sentirse airados por las reacciones emocionales negativas de las mujeres“.
Hay quien considera que la IRA es una reacción frente al drama que supone para las mujeres ser consideradas ciudadanos de segunda. Las MUJERES EMPODERADAS con una personalidad tan fuerte como la que Serena tiene en el campo deben ser honestas con ellas mismas y saber cuándo lo están haciendo bien y cuándo lo están haciendo mal. Una de las enseñanzas del feminismo es que creo que sería importante que las mujeres no tuvieran que hacer las mismas tonterías que hacen los hombres. La infantilización en como se describen los gestos o el tono de una mujer sigue siendo una constante: los hombres son temperamentales y las mujeres histéricas, los hombres se enfadan y las mujeres se cogen rabietas. Si la igualdad es el objetivo, que el camino para llegar a él sea también el de hablar de forma diferente al descrito de los comportamientos de mujeres y hombres.
Las mujeres, al igual que los hombres, pueden hacer cosas buenas y malas. Pienso que las mujeres empoderadas con una personalidad tan fuerte como la que Serena tiene en el campo, es muy importante que sean honestas y que sepan cuándo lo están haciendo bien y cuándo mal. En el campo de juego estamos acostumbrados a que los hombres hagan aspavientos, a que demuestren su agresividad. Sin duda, ser feminista significa también ser coherente. Y la COHERENCIA es un rasgo de la HONESTIDAD, la cual se basa en pensar antes de decir.
Para saber si lo que ocurrió fue sexismo o no lo fue hay que mirar si en las mismas circunstancias a un jugador le hubiese ocurrido lo mismo. En mi opinión, lo que más daño puede hacer al feminismo es seguir dibujando a las mujeres y todo lo que tocan o hacen como indisoluble de la corrección y de la virtud. Es la imposibilidad de ser juzgadas con los mismos parámetros con que se mide a los hombres lo que realmente hace daño a la causa de las mujeres. No recuerdo portadas ni primeras páginas de ningún periódico para reprochar, por ejemplo, a jugadores de fútbol la agresividad y violencia implícita y normalizada en tantos de sus partidos. A las mujeres se les pide virtud, a los hombres la impunidad y el olvido ante similares hechos.
Ella tiene el derecho a expresar su disconformidad con lo que está pasando, pero quizás no del modo en el que lo ha hecho. Es cierto que se cometen injusticias machistas continuamente hacia las mujeres y creo que sería mejor que en este caso habría que trabajar el RESPONDE, NO REACCIONES.
Y para terminar algunas palabras de “No te rindas”, el poema de Mario Benedetti que espero que ayude a las mujeres a luchar por sus sueños:
No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.

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