Jueves, 19 enero, 2017

Delenda est Diputaciones Provinciales

José Luis Zurita Urbano


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Hace unas semanas no sé qué organismo europeo, que se dedica a la cosa de la transparencia, publicó el ranking de todas las diputaciones provinciales. La granadina salió bien parada y a los pocos tuits mi “time line” se llenó de mensajes de autofelicitanción tanto por los actuales inquilinos como por los que la dejaron hace pocos meses. Faltaba pecho para tanta medalla.

Pocas minutos más tarde la prensa digital se hacía eco de la noticia y a eso de mediodía casi me atraganto con la cerveza que me hubiese gustado estar tomándome. En la emisora que me entretiene mientras hago kilómetros otra vez el mismo mensaje gestado en las sede de cada partido, otra vez ese mantra hipócrita y falso por el cual sin las Diputaciones Provinciales los municipios menores de diez mil habitantes volvería a la Edad Media abandonados de la mano de Dios y Alá. Ni agua corriente, ni luz ni calles asfaltadas. Casi prefiero la falta de memoria que calzan los actuales inquilinos, por lo menos no necesito omeprazol para escucharles.

Como la memoria selectiva es una pandemia entre nuestros políticos habrá que recordarles algunas decisiones que tomaron sus antecesores. En los primeros años ochenta se anularon las Diputaciones en aquellas provincias que a la vez eran región. Las competencias y los funcionarios pasaron directamente a las recién creadas comunidades autónomas. De haberlas mantenido no se podría hablar de superposición de administraciones y si de amontonamiento directamente por lo que, muy a pesar de algunos, hubieron de renunciar a un rosario de cargos en los que aparcar colegas venidos a menos.

Por más que he buscado no he localizado ningún pueblo de Madrid, Murcia, Cantabria y la Rioja que hayan vuelto a la Edad Media. Tremendo, de un día para otro cuatro Diputaciones Provinciales desaparecen y no pasó nada. El sol salió por el oriente, calentó y se puso por el occidente con la misma indiferencia que un día cualquiera. Ni una manifestación, ni una lágrima. Ni me quiero imaginar que mal lo pasarían nuestros pueblos treinta años más tarde incomunicados en plena revolución de la red.

Se acerca una reforma de la Constitución y poco se está hablando de una de las incongruencias más grandes de nuestra estructura administrativa. La convivencia de dos modelos de Estado antagónicos no puede durar más tiempo salvo que los algo más de ciento cuarenta millones de euros que nos cuesta la estructura política y la maquinaria de generar propaganda partidista sean los verdaderos motivos que sigue justificando la superviviencia de las Diputaciones Provinciales.

Comments

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  1. Muy buen texto, aunque los “enemigos” de repensar lo que no funciona se negarán en redondo.
    Defienden sus intereses. Aunque creo adivinar que tú defiendes el bien común.
    Es por eso.