Miércoles, 17 Enero, 2018

            

De aquellos ‘fitures’… estos ‘fitures’

Stand de Granada en Fitur | Gabinete
Ramón Ramos


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Fitur, ese invento de la hostelería madrileña para llenar los hoteles en temporada baja. Y bien que lo han conseguido: pruebe a reservar plaza en estos días en un hotel de Madrid. Después de tropecientas llamadas, tal vez la consiga. Pero cuando le digan el precio, acláreles que usted lo que quiere es una habitación, que no quiere ser accionista de la cadena hotelera…

Este invento de Fitur tiene ya sus años y sus trienios. Hablo del fenómeno desde el punto de vista político y periodístico. Nada sé de los frutos que esa llamada Feria Internacional del Turismo da al sector de la hostelería, la granadina en este caso, aunque mientras alguien no me demuestre lo contrario guardo para mí la impresión de que los resultados serían exactamente los mismos turistas que si Fitur no existiera.

De lo otro, es decir de su vertiente política y periodística, sí sé algo más. Sí, amigos: me siento el pionero de este desmadre en la colusión propagandeo-inutilidad que año tras año se regodea en estos días madrileños de enero. Tanto, que lo llevo como un baldón en mi carrera que de vez en cuando explico con un sentido expiatorio que de poco sirve viendo cómo se repite el rito sin que nadie ponga freno a esta ‘soplapollez’. Eran los días de enero de 1983. La Junta de Andalucía, que cumplía sus primeros tiempos a ritmo pleno desde que en mayo anterior se habían celebrado las primeras elecciones autonómicas, acaparó la presentación de una conjunta oferta turística andaluza en Fitur. Lo hizo con un ‘stand’ en forma de octógono, cuyas caras correspondían a cada una de las provincias de Andalucía. Todo muy bonito, aunque a la hora de la verdad los agentes profesionales que viajaron a Madrid comprobaron con estupor que -por una de esas casualidades de la vida- la cara sevillana de Sevilla lucía con esplendor hacia el pasillo principal de la Feria, mientras la de Granada -también la de Málaga- viraban de cara a la pared, inadvertidas para el gran público visitante. ¡Je! ¡Esa ‘grasia’ que no se pué aguantáh…!

En ausencia de políticos, a la vuelta los hosteleros granadinos y malagueños pusieron el grito en el cielo. Se armó un ‘follón’ considerable y por primera vez apareció en la escena política aquello del ‘centralismo sevillano’ que con intensidad cambiante ha acompañado el devenir autonómico de la autonomía. Y aquí entramos nosotros: para la siguiente edición se decidió en aquella animosa redacción de Radio Granada-SER (Miguel Ángel del Hoyo, Agustín Martínez, Yaya Hernández…) que había que estar presentes en todo evento que fuese susceptible de generar debate y polémica. Así, acudí como enviado especial a Fitur 1984… y en mi vida me he aburrido tanto. En mi vida profesional no he estado en algo más hueco y vacío informativamente hablando que en aquellos tristes días de enero. A mediodía, una ‘troupe’ de brasileñas en ‘top-less’ recorría a ritmo de samba los pasillos y pabellones. Lo único reseñable de aquellas dos tediosas jornadas. Lo demás: contar ¡a los granadinos! lo bonita que es la Alhambra y lo cerquita que están el pico del Veleta y las playas de Salobreña. Algo en lo que no habían reparado hasta entonces. También conté en aquellas conexiones que en el pabellón andaluz de Fitur había un rincón dedicado a ‘Alimentos de Andalucía’, una charanga que por aquellos días promocionaba aquella originaria Junta por el rico mosaico de la geografía andaluza para decirle ¡a los andaluces! lo que refresca el gazpacho y lo rico que está el jamón de jabugo…

Pagó Radio Granada y en algún anaquel de sus archivadores estarán las facturas que lo atestiguan. Era -repito- 1984 y hasta entonces por Fitur no apareció otro político que Antonio Jara, alcalde por entonces, a quien entrevisté en directo. Pero de aquellas conexiones alguien debió tomar nota. Y para 1985 todo se desmadró: las instituciones al unísono -a cuenta del erario público- invitaron a un periodista por medio y en Madrid les contaron ¡a los granadinos! lo bonita que es la Alhambra y lo cerquita que están el pico del Veleta y las playas de Salobreña. Como la Junta también estaba en el ‘ajo’, hubo que contar también lo que refresca el gazpacho y lo rico que está el jamón de Jabugo. Y como también empujaba la Diputación no hubo concejal del pueblo más perdido en el mapa provincial que no se diera una vuelta por Madrid y la noche madrileña…

Y ya no hubo quien parase aquello. Las restantes provincias copiaron y, así, en un momento político en que en Sevilla -por poner un ejemplo- tres partidos distintos gobernaban Ayuntamiento, Diputación y Junta, la expedición propagandística periodística política tomaba el AVE de mañana y regresaba de noche para repetir al día siguiente y al siguiente, así en tres jornadas continuas, cada una a cuenta de cada una de las tres instituciones citadas, para contarles desde Madrid ¡a los sevillanos! lo bonita que es la Giralda…

Los efluvios que han generado estos ‘fitures’ desmadrados han dejado para el anecdotario todo un repertorio de codazos a la hora de ponerse en la foto, algún calentamiento de boca como el que protagonizó el entonces consejero Zarrías, anunciando la inminente construcción del tren Granada-Motril del que quince años después no vemos los raíles o a un notable ‘gurteliano’ actuando como maestro de ceremonias en una cena de ‘granaínos’ en Madrid… En fin… ¿De verdad que no se puede parar esta ‘soplapollez’?

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