Sábado, 23 Septiembre, 2017

            

David, el enfermo terminal con ocho años que ha encontrado el amor de su vida

El drama del pequeño empezó cuando cumplió los dos años y fue diagnosticado con leucemia

David junto al amor de su vida
Redacción GD


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A pesar de tener solo 8 años, David Spisak ha vivido mucho. En tan corto espacio de tiempo ha sido diagnosticado cuatro veces de cáncer. Y el último de ellos es mortal. Los médicos no le dan más que unos meses de vida.

En casos así, se lamenta especialmente la crueldad del destino: que alguien tan pequeño tenga que irse tan pronto, y que no experimente los grandes momentos de la vida. Uno de ellos, enamorarse.

Pero a pesar de su fatalidad, David ha tenido la suerte de encontrar lo que él considera que es el amor de su vida, una niña de 7 años llamada Ayla. Desde que se conocieron, son inseparables, y la madre de David asegura que están profundamente enamorados.

El drama del pequeño empezó cuando cumplió los dos años. David, nacido en la localidad de Chesapeake, en Viginia (Estados Unidos), fue diagnosticado con leucemia. A pesar de someterse a un agresivo tratamiento con quimioterapia y de vencer el primer varapalo, los médicos le han comunicado hasta tres veces más que la enfermedad había vuelto.

Pero tras pasar gran parte de su corta existencia metido en habitaciones de hospital, los padres de David han decidido que ya es suficiente, que su hijo merece vivir la vida, aunque solo sean unos meses. Sabiendo que David nunca vencerá a la leucemia y que aunque se trate con quimioterapia de manera continua no tiene garantizado que salga adelante, sus progenitores y los médicos han llegado a un acuerdo: no volverá a pisar un hospital.

Una difícil decisión que les ha costado muchas críticas. Pero la Amber, la madre de David, se defiende en Facebook: “Es triste que nadie comente esto sin conocer a nuestro hijo, su historia, lo que ha luchado… ¿Creen que si la gran cantidad e médicos que le han visto le hubiera dado esperanza en forma de tratamiento efectivo no lo habríamos seguido? ¿Creen que nos arriesgamos a perder a nuestro hijo?”.

Su renuncia al tratamiento le condena, pero también le permite ir al colegio, jugar con sus amigos, disfrutar… y enamorarse. Porque David ha encontrado en Ayla su media naranja. Los dos se conocen de clase, y desde que el niño se le declarara, se han convertido en inseparables.

En una recaída, en la que David tuvo que acudir al hospital, sus compañeros de clase le escribieron decenas de cartas. En muchas de ellas, solo hablaban de una cosa: lo mal que lo estaba pasando Ayla por su ausencia. La propia niña redactó una nota de amor en la que se confesaba enamorada.

Fue entonces cuando la madre de David habló con la de Ayla y concertaron una especie de cita. El niño llegó con un ramo de flores y con un osito de peluche a modo de regalo, y ella empujó su silla de ruedas. Los dos compartieron una pizza.

amber asegura que lo mejor fue ver como los dos hablaban sin parar y que se les veía felices. Incluso revela que David se atrevió a dar un beso en la mejilla a Ayla, que fue muy bien recibido. “Ella ha venido a la vida de mi hijo por algún motivo especial. Y no puedo ser más feliz”, concluye la madre en declaraciones concedidas a la revista People.
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