Sábado, 27 Mayo, 2017

Cuando el tiempo no era noticia

Andrés Cárdenas


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Cuando empecé a escribir en los periódicos, hace ya casi cuarenta años, las nevadas y las lluvias no eran noticia de primera página, sopena de que hubiera una catástrofe de por medio. Por ejemplo, nevaba en Santiago de la Espada, que lo viene haciendo desde que el mundo es mundo, y el redactor jefe si acaso te decía que dieras un breve para comunicar a los lectores que estaba cortada la carretera. Ahora caen cuatro copos en cualquier sitio y ya me tienes a todos los informativos con sus enviados especiales ataviados como estuvieran en Alaska informando del suceso y abriendo los telediarios. No un día, sino cuatro o cinco, como si las inclemencias meteorológicas fueran algo anormal.

 

Y es que la sociedad ha cambiado tanto como el periodismo. Antes llegaba un niño con las gafas rotas de un balonazo y la madre se quitaba el alpargate y le ponía el culo como un tomate porque le había dicho que no jugara al fútbol con los anteojos. El niño lo asumía y ya está. Ahora la madre puede ser condenada a prisión por maltrato, ser obligada a no acercarse a su hijo y los periódicos publicar suplementos especiales sobre la violencia infantil.

 

Antes, si un niño se caía en la escuela y la maestra lo abrazaba para consolarlo, los padres la llamaban para darles las gracias por la atención que había tenido con el niño. Ahora los padres pueden ponerle una demanda por abusos sexuales, demandar al colegio por negligencia y a la profesora por haberle causado un trauma emocional al chiquillo. Y encima pueden ganar los dos juicios e ir vendiendo su historia por los platós de televisión.

 

Antes un hombre podía piropear a una mujer y ella sonreír porque le había gustado el piropo o podía soltarle dos frescas al piropeador si consideraba que había sido un grosero. Ahí se quedaba todo. Ahora el hombre puede ser acusado de acoso sexual, ser condenado por ello y puede provocar que las tertulias radiofónicas le dediquen bastante tiempo a hablar del tema.

 

Antes, si un niño se pegaba en el recreo con otro que era gitano, un poner, los compañeros de clase hacían un corro y los animaban. Al terminar los peleones podían darse la mano y quedar como amigos. Ahora alguien dice que ha sido un ataque racista, la escuela se cierra un día y se organiza una jornada antiviolencia. Los periódicos lo titulan a cuatro columnas y la televisión envía a un periodista para que haga un reportaje con la escuela cerrada al fondo.
¿Ha cambiado o no ha cambiado la cosa? ¡Coño, que ya no sé lo que es noticia y lo que no lo es!

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