Miércoles, 18 Octubre, 2017

            

Crítica de Gravity: la infinita y terrible belleza del universo

La estratosférica película de Alfonso Cuarón

E.P.


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Este fin de semana llega a los cines Gravity. Sandra Bullock y George Clooney protagonizan una cinta emotiva, emocionante y visualmente apabullante con la que Alfonso Cuarón nos sumerge en el espacio para regalarnos una experiencia cinematográfica única.

La nueva creación del esquivo cineasta mexicano, que no estrenaba en la gran pantalla desde que allá por 2006 viera la luz la notable Hijos de los hombres, nos relata cómo una rutinaria misión espacial de mantenimiento deviene en una tragedia. Dos de los integrantes de esta misión son la doctora Ryan Stone (Bullock), una brillante ingeniera que debuta en el espacio, Matt Kowalsky (Clooney), el veterano al mando que está punto de retirarse.

Cuando están fuera de la nave y se disponen a actualizar el telescopio Hubble, el impacto de un misil ruso en un satélite genera una tormenta de basura espacial que se dirige directamente hacia su posición sin darles apenas margen de maniobra para escapar. El paseo espacial termina de forma abrupta y trágica.

Este es el punto de partida de Gravity, una estratosférica película con la que Alfoson Cuarón demuestra -por si había alguna duda- que es algo más que el maestro del plano secuencia… que también. Solo hay que deleitarse con el grandioso arranque: casi 20 minutos de deliciosa coreografía espacial de una tremenda complejidad técnica que Cuarón solventa con tal sutileza, destreza y elegancia que consiguen que lo difícil parezca sencillo.

LA BELLEZA DEPURADA

Incluso en sus pasajes más aparatosos y grandiosos, cada plano atesora una belleza pulcra, limpia, hipnótica que hacen del comienzo de Gravity una joya visualmente sobresaliente. A esta nota contribuye decisivamente un 3D reconvertido, no filmado de origen (lo que sirve para romper otro tabú), que mira cara a cara a la virguería que firmó Ang Lee en la ganadora del Oscar La vida de Pi. Una pieza de museo.

Y esa excelsa carta de presentación es la constante durante los 90 minutos de metraje en los que, además de dar una clase magistral plano tras plano, el director maneja los tiempos con pericia para acrecentar las sensaciones de terror, desesperación o esperanza que van flotando ante nuestros maravillados ojos. Cuarón logra meternos dentro de los trajes espaciales de Bullock y Clooney. Vemos desde el cristal de su casco, oímos su respiración y sentimos su angustia.

El perfecto despliegue técnico y visual se asienta en un armazón argumental muy básico pero casi sin fisuras -el guión que firma con su hijo Jonás solo se la juega al introducir los traumas del personaje de Bullock y unas dosis algo chirriantes de misticismo- y en el notable trabajo de sus dos protagonistas.

Y en este último punto es casi imposible no imaginar a Robert Downey Jr. y Angelina Jolie dándose cabezazos contra la puerta de salida de un cine en el que se proyecte Gravity. Ellos eran los elegidos inicialmente por Cuarón pero, ante las muchas penurias que atravesó el que parecía otro proyecto maldito, prefirieron abandonar la nave antes de despegar. Puede que salgamos ganando con su deserción. Eso nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos ya con certeza es que, aunque esté flotando a la deriva en el espacio exterior, Clooney sigue siendo “Mr. Nesspreso” y que Bullock no es tan mala como la pintan. Si Hollywood le dio el Oscar por aquella ñoñería que fue The Blind Side (rebautizada en España, por si faltaba azúcar, como Un sueño posible), ahora debería beatificarla. Elevarla a los cielos como ha hecho Cuarón. Su entrega en Gravity es total y su trabajo encomiable. De largo, lo mejor de su carrera.

HERMOSA, EMOCIONANTE Y TERRIBLE

En resumen, Gravity es una joya muy bien interpretada, con unos efectos especiales excelentes y que está filmada de forma tan magistral y depurada que resulta casi insultante para la inmensa mayoría de películas del género.

Y en mitad de esa abrumadora belleza y de todos los prodigios técnicos, y a pesar de su sencillez argumental -o precisamente gracias a ella- ese torrente de sensaciones visuales y sonoras y la perenne tensión y angustia consienten espacios aptos para cavilaciones más profundas. Treguas quietas que, en la oscura y solitaria inmensidad del cosmos, cobran tintes metafísicos y que, combinadas con todo lo anterior, hacen de Gravity una cinta completa y equilibrada.

Una experiencia cinematográfica intensa, casi infinita e imprescindible. Una inmersión de la butaca al espacio casi poética, hermosa y terrible a la vez. James Cameron ha dicho de Gravity que es “la mejor película del espacio que jamás se ha rodado”. Y al director de Terminator y Alien 2 hay que darle la razón. Al de Avatar y Titanic cuesta un poco más.

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