Lunes, 23 Octubre, 2017

            

Creemos en Lucas

La opinión del entrenador granadino de fútbol y actual seleccionador Sub-19 de Qatar, Óscar Cano

Lucas Alcaraz, durante una rueda de prensa | Foto: Antonio L. Juárez
Óscar Cano @0scarCano


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Nadie es profeta en su tierra por la sencilla razón de que la envidia, que curiosamente es el más notorio síntoma de la admiración, es la gran enfermedad de nuestro mundo.

Considerar que alguien cercano pueda ejercer responsabilidades exigentes e importantes, creer  que quienes se han criado y han llegado a la madurez compartiéndola con nosotros pueden besar el cielo nos multiplica el ácido estomacal.

Sin embargo, cuando vemos que por el club de nuestros amores van pasando profesionales a los que les cuesta generar ese sentimiento de pertenencia tan trascendental para poder construir cosas mínimamente decentes, que renuncian a empatizar con lo que es el carácter granadino, es cuando nos acordamos de aquellos a los que les sacamos un día de un puntapié de nuestro lado, curiosamente de su cuidad natal, para enviarlos, maleta en mano,  a otras latitudes.

Lucas Alcaraz lo va a volver a hacer. Los que creemos en la honestidad sabemos que el Granada disfrutará la próxima temporada de la denominada mejor liga del mundo.

Con su llegada, el equipo ha conquistado la posibilidad de salvarse de la quema. A su manera, que igual es la única forma posible de organizarse, pero arañando de donde puede puntos que serán vitales para salir de la U.C.I.

Personalmente soy uno de esos que se alegran de que al técnico granadino le vaya bien.

Créanme que no es una cuestión de amistad. Con él podría pasarme muchas horas discutiendo, en el buen sentido de la palabra, sobre aspectos que claramente nos diferencian. Pero creo que en ello nace ese respeto y afecto.

Así pues, el triunfo de Lucas representa el de quien ha probado todas las categorías del balompié español. Es el éxito de alguien a quien nadie le ha regalado nada, la constatación de que en esta tierra hay talento y talante.

Hace un mes que, llegado de Qatar, me personé en la ciudad deportiva nazarí para ver a algunos amigos y pude conversar con Alcaraz.

Para valorar su discurso me fijé en sus ojos, en la fuerza de su voz, en cada gesto. Su lenguaje corporal iba de la mano de sus palabras. Percibí ilusión donde nadie parecía tenerla, incluso certeza en el mar de la duda. Desde ese instante soy uno más en esta cruzada tan complicada.

Suerte amigo. La mereces tanto como la afición merece ondear sus bufandas en la élite.

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