Viernes, 24 Marzo, 2017

¿Cómo son las conexiones cerebrales en las personas positivas?



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Hay una fuerte correspondencia entre un conjunto particular de conexiones en los rasgos del cerebro y estilos de vida y conductas positivas, según concluye un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

Un equipo de científicos dirigido por el Centro de MRI Funcional de la Universidad de Oxford analizó las conexiones en los cerebros de 461 personas y las comparó con 280 medidas conductuales y demográficas diferentes registradas de los mismos participantes.

ESTILO DE VIDA Y MENTALIDAD POSITIVA

De esta forma, estos expertos hallaron que aquellos con estilos de vida y comportamientos clásicamente positivos presentaban diferentes conexiones que las personas con conductas clásicamente negativas, como se revela en un artículo que se publica en ‘Nature Neuroscience’.

El equipo utilizó datos del Proyecto Humano Conectoma (HCP), un estudio de imágenes cerebrales, financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés). El HCP empareja resonancias magnéticas funcionales de 1.200 participantes sanos con datos detallados obtenidos de pruebas y cuestionarios.

El equipo de Oxford tomó los datos de 461 de las exploraciones y las utilizó para crear un mapa de un promedio de los procesos del cerebro de los participantes. “Se puede pensar en él como un mapa promedio de la población de 200 regiones de todo el cerebro que son funcionalmente distintas unas de otras –explica el profesor Stephen Smith, quien fue el autor principal del artículo–. Entonces, nos fijamos en la cantidad de todas esas regiones que se comunicaban entre sí en cada participante.”

El resultado es un conectoma para cada sujeto: una descripción detallada de la cantidad de esas 200 regiones cerebrales separadas que se comunican entre sí. Posteriormente, el equipo añadió 280 medidas conductuales y demográficas diferentes para cada sujeto y realizó un análisis de correlación canónica entre los dos conjuntos de datos, un proceso matemático que puede revelar relaciones entre los dos grandes conjuntos de variables complejas.

Así, hallaron una fuerte correlación que vincula las variaciones específicas en el conectoma de un sujeto con sus medidas conductuales y demográficas. Curiosamente, la correlación muestra que aquellos con un conectoma en un extremo de la escala puntúan alto en medidas que típicamente se consideran normalmente positivas, como el vocabulario, la memoria, la satisfacción con la vida, los ingresos y los años de educación. Mientras tanto, los que están en el otro extremo de la escala resultaron exhibir altas calificaciones de rasgos típicamente considerados negativos, como la ira, romper las reglas, el consumo de sustancias y la mala calidad del sueño.

EL FACTOR G

Los investigadores señalan que sus resultados se asemejan a lo que los psicólogos denominan la ‘inteligencia general-factor g’: una variable propuesta en 1904 que a veces se utiliza para resumir las habilidades de una persona en diferentes tareas cognitivas. Aunque los nuevos resultados incluyen muchas medidas de la vida real no incluidas en el factor g –como los ingresos y la satisfacción con la vida, por ejemplo– otros como la memoria, el reconocimiento de patrones y la capacidad de lectura están fuertemente reflejados.

SI UNA PERSONA ES BUENA EN UNA COSA, ES MUY PROBABLE QUE SEA BUENA EN LAS DEMÁS TAMBIÉN
Los defensores del factor g señalan que muchas de las medidas relacionadas con la inteligencia están asociadas entre sí, lo que sugiere que si una persona es buena en una cosa, es muy probable que sea buena en los demás también. Sin embargo, en el pasado, el factor g también ha recibido algunas críticas, en parte porque no está claro si estas correlaciones entre diferentes capacidades cognitivas están reflejando realmente correlaciones entre distintos circuitos cerebrales subyacentes.

Sin embargo, los nuevos resultados pueden proporcionar una oportunidad para entender si eso es correcto o si los procesos en el cerebro cuentan una historia más compleja. “Puede ser que con cientos de diferentes circuitos cerebrales, las pruebas que se utilizan para medir la capacidad cognitiva en realidad emplean diferentes conjuntos de circuitos superpuestos”, explica el profesor Smith.

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