Jueves, 14 Diciembre, 2017

            

Como sobran tan doctos españoles…

Imagen de archivo de una concentración para exigir la llegada del AVE a Granada soterrado | Autor: Archivo GD
Ramón Ramos


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‘El conde, mi Señor, se fue a Napóles, el duque, mi Señor, se fue a Francía…’ Atención, correctores: mantengan las tildes de ‘Napóles’ y ‘Francía’ en la sílaba que las colocó Luis de Góngora en 1611, de quien tomo prestado su poema por paralelismo con las cosas que cuatro siglos después aún sirven de muleta para la actualidad de estas Granada y Andalucía de nuestros pecados.

Por un lado, Susana Díaz, en su trepidante autoproyección a la política nacional y el liderazgo del PSOE, que se pasa de frenada y termina… en Bruselas, donde aterriza en contraprogramación el presidente regional del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla. ‘Príncipes, buen viaje, que este día pesadumbre daré a unos caracoles’, continuaba don Luis de Góngora y Argote su poema. Al vate cordobés le dolía que el conde de Lemos y el duque de Feria lo hubiesen marginado en sus viajes a Francia y Nápoles (ahora sí: acentos en su sitio) y expresó su rencor disimulando metafóricamente la ‘higa’ que le importaba su exclusión de ambas delegaciones: dando ‘pesadumbre’ a unos caracoles. Es decir, almorzándose un guiso de cabrillas que -de seguro- sería difícil encontrar en zona gala o napolitana.

Tengo para mí que al noventa y tantos por ciento de andaluces le importa tanto como a Góngora la singladura de Susana Díaz y Moreno Bonilla por tierras de Flandes. Vamos, que ni siquiera han tenido que cocinarse un guiso de caracoles y muchos menos decirlo en frases rimadas. Pero los dos periplos paralelos sí que ilustran sobre la inclinación de nuestros políticos por la pose forzada y el guiño a la galería.

Más domésticamente, en Granada hemos sabido esta semana que el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, anuncia una visita a la ciudad en los próximos quince días. Como el plazo es tan laxo y van consumidos ya unas cuantas jornadas sin que sepamos fecha concreta, a mí me dio por pensar en esa gente que cuando te está dando un plantón de considerables minutos te llama para decirte “que estoy llegando…”. ¡Hombre, si estás llegando, mejor que anunciármelo, llega ya…!

El caso es que al ministro con nombre de rancio abolengo lo esperamos de un momento a otro para que explique lo inexplicable: 600 días ya sin tren en una ciudad como Granada, un hito sin duda europeo (en la efeméride, nuestros diputados socialistas se plantaron delante de los leones de Las Cortes con una expresiva pancarta. Ahora, falta que reconviertan la pancarta y se planten -o mejor, que se hubiesen plantado tiempo ha- delante de San Telmo recordando la cifra redonda de días y más días que el metro de Granada es una entelequia sin uso).

Tanta paciencia llevamos derrochada que el mero hecho de que nos anuncien una visita se convierte en una noticia con suficientes méritos como para que se la disputen los políticos socialistas y populares que tanto velan por nosotros: el Ayuntamiento anunció en comunicado público la buena nueva y a la portavoz municipal popular le faltó tiempo para atribuirse la gestión del próximo advenimiento gracias a la presión asfixiante ejercida sobre ministro con nombre de tan rancio abolengo. Una eficacia en la presión que el observador escéptico se pregunta por qué no se hizo antes.

No quiero yo pensar que por ‘hache’ o por ‘be’, a don Íñigo unos problemas sobrevenidos en su agenda le impidan venir por Granada y aplace la visita. A ver si entonces se dan tanta prisa unos y otros, socialistas y populares, para quitarse de encima las culpas propias y endosarle al contrario las culpas de un nuevo retraso, si es que se produce.

Y no hay que hacer futurismo por algo que todavía no ha ocurrido y quizá no ocurra. Viendo cómo los populares se sacudían la manifestación que exige la llegada del tren; viendo cómo los socialistas se esconden al paso de la manifestación que reivindica los dos hospitales, uno en su candidez piensa que las dos exigencias estarían más cerca si unos y otros se pusiesen del lado de Granada y los granadinos -sus representados- antes que de la consigna de sus partidos, el tren y los dos hospitales estarían más cerca de lo que están.

Como dice Góngora en el mismo poema: ‘… como sobran tan doctos españoles, a ninguno ofrecí la musa mía’. (Sustitúyase en este caso el ‘españoles’ por ‘andaluces’ y/o ‘granadinos’). Pues eso.

 

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