Domingo, 22 Octubre, 2017

            

¿Cómo recupera el cerebro los recuerdos traumáticos?

En las personas con trastornos de ansiedad, cualquier alteración de la regulación dependiente del tiempo en los circuitos de recuperación podría empeorar las respuestas al miedo que se producen mucho después de un evento traumático

Foto: Sebastian Kaulitzki


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Las personas con trastornos de ansiedad, como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), a menudo experimentan un prolongado y exagerado temor. Ahora, un estudio en animales sugiere que esto podría implicar la interrupción de un cambio gradual de los circuitos del cerebro para recuperar recuerdos del miedo.

Los investigadores financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) estadounidenses han descubierto en ratas que un viejo recuerdo del miedo vuelve a través de una vía cerebral distinta de la que originalmente se emplea para recordar cuando está reciente.

Después de condicionar a ratas a temer un tono asociado con una leve conmoción, la conducta que manifestaron se mantuvo sin cambios en el tiempo, pero la vía dedicada a recordar el evento traumático se desvió, tal vez aumentando su poder de permanencia.

“Mientras que nuestros recuerdos son constantes a través del tiempo, las vías nerviosas que los sustentan, en realidad, cambian con el tiempo”, explica Gregory Quirk, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, en San Juan, quien informa de sus hallazgos en una artículo que se publica este lunes en ‘Nature’.

“Descubrir nuevos caminos para viejos recuerdos podría cambiar la visión de los científicos sobre el trastorno de estrés post-traumático, en el que los acontecimientos terribles ocurren meses o años antes de que aparezcan los síntomas”, añade este experto, que investiga con el respaldo del Instituto Nacional Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés) de los NIH.

Inmediatamente después del condicionamiento del miedo en las ratas, un circuito que va desde la corteza prefrontal, el centro ejecutivo, a parte de la amígdala, el centro del miedo, se dedicó a recuperar los recuerdos. Sin embargo, varios días después, los autores descubrieron que la recuperación había emigrado a un circuito diferente, de la corteza prefrontal a un área en el tálamo, llamada región periventricular (PVT), que, a su vez, se comunica con una parte central diferente de la amígdala que orquesta el aprendizaje y la expresión del miedo.

El equipo Quirk y su colega Fabricio Do-Monte vio el movimiento del recuerdo utilizando una técnica genética llamada optogenética, que puede activar o silenciar las vías específicas de forma separada de su funcionamiento. Los investigadores dicen que la PVT puede servir para integrar el miedo con otras respuestas de adaptación, como el estrés, fortaleciendo con ello el recuerdo del miedo.

En las personas con trastornos de ansiedad, cualquier alteración de la regulación dependiente del tiempo en los circuitos de recuperación podría empeorar las respuestas al miedo que se producen mucho después de un evento traumático“, sugiere Quirk.

En el mismo número de la revista ‘Nature’, los investigadores del ‘Cold Spring Harbor Laboratory’, en Nueva York, Bo Li y Mario Penzo, también con financiación del NIMH, y sus colegas revelan cómo funcionan en ratones los circuitos de recuerdo del miedo a largo plazo para traducir la detección de estrés en conductas adaptativas.

Li y sus colegas descubrieron independientemente el mismo cambio en el circuito de recuperación de la memoria que se produce con el tiempo, después de condicionamiento del miedo en ratones. Usando una potentes métodos para cambiar experimentalmente vías de encendido y apagado, mostraron de manera concluyente que las neuronas originarias de la PVT regulan el procesamiento del miedo al actuar sobre una clase de neuronas que almacenan recuerdos de miedo en la zona central de la amígdala.

El equipo de Li trazó esta actividad en el PVT en la acción de un mensajero químico, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), que previamente ha sido implicado en los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad. Por ejemplo, la expresión alterada de BDNF se ha relacionado con el TEPT.

El BDNF del PVT, trabajando a través de un receptor específico, activa las neuronas de la amígdala que almacen los recuerdos. Simplemente, la infusión de BDNF en el área central de la amígdala hizo que ratones se paralizaran por el miedo, lo que sugiere que no sólo permite la formación de recuerdos de miedo, sino también la expresión de las respuestas al miedo.

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