Miércoles, 26 Julio, 2017

            

Cómo ayudar a una persona deprimida

En la depresión la persona tiene una visión negativa del mundo, de uno mismo, de los demás y del futuro.

Centro de Psicología Ágora


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La depresión es el problema psicológico más frecuente en la población, y es bastante habitual que se dé sola o bien junto con otros trastornos psicológicos o físicos. Cuando una persona tiene bajo estado de ánimo, suele tener grandes dificultades para afrontar su día a día, tanto en el trabajo, como en sus otras tareas, relaciones sociales e incluso ocio, y poco a poco se va dejando absorber por una espiral de negatividad y pasividad del que es difícil salir solo.

La familia, las amistades, y, en definitiva, las redes sociales de apoyo, son un factor de protección que facilita la recuperación de la depresión (aunque no son responsables de ella). Sin embargo, no es sencillo para los familiares saber comportarse de forma adecuada de cara a la persona deprimida.

¿Qué es la depresión?

Es un problema psicológico caracterizado por un estado de ánimo bajo de forma constante, en la que suele manifestarse síntomas como tristeza, pérdida del placer y del interés general, llanto, ansiedad, problemas de alimentación y de sueño, dificultad en la concentración, irritabilidad, cansancio excesivo y pérdida del interés sexual.

En la depresión la persona tiene una visión negativa del mundo, de uno mismo, de los demás y del futuro. En algunas ocasiones puede haber pensamientos de deseo de muerte o incluso de ideación suicida.

Otra característica fundamental de la depresión es el abandono de actividades, tanto de ocio como obligatorias, lo cual va provocando inercia en la persona y la introduce cada vez más en el círculo vicioso de la depresión (la falta de actividad aumenta los pensamientos negativos, los cuales aumentan dicha falta de actividad).

Por otro lado, es habitual que la depresión se dé junto con otros problemas psicológicos, como trastornos de ansiedad, problemas de alimentación, adicciones (con o sin sustancias), etc.

Por lo general, en las mujeres la depresión suele caracterizarse por una tristeza intensa y llanto frecuente. Sin embargo, a veces resulta difícil identificar una depresión en un hombre, ya que suele ser frecuente que se manifieste mediante irritabilidad y/o consumo de alcohol.

¿Qué debería evitar para ayudar a mi ser querido?

Cuando se convive con una persona con depresión, los familiares y amigos, al contemplar la realidad de forma objetiva, intentan imponer su propia visión a la persona deprimida con frases del tipo: “con la cantidad de cosas que tienes, la gente que te quiere, etc… eres un/a afortunado/a”, “deberías cambiar tu actitud”, “no le des más vueltas a tus preocupaciones”, “el tiempo todo lo cura”, “tienes que seguir adelante por tus seres queridos”.

En la depresión, la persona siente un enorme bloqueo a la hora de realizar cualquier tarea, por muy sencilla que sea. Por eso, los consejos o sermones de este tipo están condenados al fracaso, además de que la persona puede sentir que se le está juzgando o presionando, y no sienta cercanía o empatía por parte de sus allegados (lo cual puede hacer que se aísle aún más del mundo).

¿Qué puedo hacer por ayudar a mi ser querido?

  1. Escuchar.

Sin llegar a presionar a la persona a que se exprese cuando y como queramos, es importante transmitir a la persona deprimida que estamos ahí para escucharle siempre que lo necesite con atención plena. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la persona deprimida ve el mundo de forma distorsionada, por lo que hay que contestarle con un discurso realista pero constructivo.

  1. Respetar.

Es importante que la persona no se sienta juzgada ni machacada por sus seres queridos.

  1. Refuerzo positivo.

Es importante reconocer y promover los comportamientos deseables de la persona. Por otro lado, no es aconsejable prestar excesiva atención o reforzar los constantes discursos negativos de la persona (es decir, hay que saber diferenciar entre escuchar y apoyar, a alimentar esos pensamientos depresivos).

  1. Transmitir energía positiva.

Aunque es difícil mantener una actitud positiva constante cuando se convive con una persona deprimida, es importante intentar transmitir un mensaje de energía positiva y esperanza.

  1. Proponer actividades.

Como hemos mencionado antes, la inactividad es uno de los mayores enemigos de la depresión, por lo que es importante animar a la persona a que participe en actividades de cualquier tipo (cuidado personal, tareas domésticas y, sobre todo, actividades agradables).

  1. No tomar grandes decisiones.

Cuando una persona está deprimida no puede evaluar la situación de forma totalmente objetiva, por lo que no es aconsejable tomar decisiones importantes.

  1. Cuidarse y tener en cuenta las propias necesidades.

El pesimismo es algo que se “contagia” fácilmente. Por eso, es importante que como el propio familiar se cuide bien para evitar caer también en una depresión. Al fin y al cabo, no podemos ayudar a otra persona si nosotros mismos no estamos bien.

  1. Consultar a un profesional de la psicología.

En ocasiones podemos experimentar una depresión leve o un estado de ánimo bajo que puede llegar a resolverse sola (o incluso con el cambio de factores externos). Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, es aconsejable consultar a un profesional de la psicología, para que evalúe el nivel de depresión de la persona y que ponga en marcha las herramientas necesarias para intentar evitar que se agrave el bajo estado de ánimo.

¿Y si existe un riesgo de suicidio?

Todo el mundo piensa o ha pensado en la muerte alguna vez. Sin embargo, cuando una persona deprimida piensa o manifiesta que desea quitarse la vida, o cuando los familiares tienen cierta sospecha sobre ello, es importante notificarlo a un psicólogo o a profesionales sanitarios. No hay que trivializar las conocidas “llamadas de atención”, ya que siempre son una llamada de socorro y la persona puede perder el control.

¿Debería consultar a un psicólogo o a un psiquiatra?

Son profesionales distintos: el psiquiatra es licenciado o graduado en medicina, por lo que tratan al paciente desde el punto de vista médico (por lo general, regulando los niveles de bioquímica cerebral con fármacos). El psicólogo es licenciado o graduado en psicología, y trabaja los pensamientos, emociones o comportamientos indeseados de la persona, pero no receta fármacos.

En depresiones graves es aconsejable que, en las primeras fases de terapia, se combine la terapia farmacológica junto con la psicológica, para ir dejando progresivamente la farmacológica y seguir trabajando con el psicólogo. Sin embargo, en depresiones leves y moderadas se ha comprobado que la terapia cognitivo-conductual tiene una mayor efectividad que el tratamiento farmacológico para el tratamiento de la depresión y la ansiedad.

Un artículo de Centro de Psicología Ágora

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