Lunes, 15 de Octubre de 2018

            

Circunvalaciones animadas de ayer y de hoy presenta

Segunda Circunvalación | Fuente: ArchivoGD
RAMÓN RAMOS


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Pasito a pasito, muchos años de obra y la Segunda Circunvalación llama a la puerta de su inauguración, fecha más o menos cercana según se acerque el movedizo calendario electoral, que por el momento solo tiene una jornada fija, la de mayo de 2019 para las municipales. Antes, o en el año siguiente, vaya usted a saber, podríamos asistir a otras citas con las urnas, ya sean generales o autonómicas, circunstancia nunca descartada. En cualquier caso, sitúen el evento inaugurativo en el entorno de esas tres citas. No se equivocarán.

A lo que vamos: Segunda Circunvalación que a la chita callando es una realidad con sus taludes, sus puentes, su asfalto, su… invasión de la Vega… ¡y nadie ha dicho nada! En contraste con los ríos de tinta, las movilizaciones que provocó a derecha e izquierda la Primera Circunvalación, esa que ya tiene casi treinta años. Retrocedemos en el tiempo a aquellos años que van de 1987 a 1989 y nos enontramos con una unidad de acción que deja chica la ‘pinza’ que PP e IU aplicarían en el Parlamento andaluz entre 1994 y 1996.
Sorprende que ningún ecologista haya levantado la voz ante la invasión de mucho más impacto y agresión a la Vega y su paisaje que sí representa esta Segunda Circunvalación, frente a las protestas contra la Primera, que -a fin de cuentas- iba pegada a la ciudad y por tanto invadía lo ya invadido. Asombra que partidos que se afanaban en repintar los planos para demostrar que los taludes y puentes se convertirían en una especie de Muro de Berlín a la granadina, ahora que puentes y taludes en los tramos en que la carretera se cruza con las vías del tren sí alcanzan una altura que impacta en el paisaje de la Vega. Ignoro si en el trazado de la carretera hay algún colegio de monjas cercano. De ser así, la congregación afectada podría pedir asesoramiento a otra congregación, que en aquellos finales de los 80 fue muy activa y correligionaria con AP (hoy, el PP) e IU.
Imposible segregar aquella protesta artificial con la pérdida de la mayoría absoluta que hasta 1987 había ostentado el socialista Antonio Jara en el Ayuntamiento. Con la victoria del PSOE en precario, “todos se vieron alcaldes” -en afortunada sentencia de un político no socialista de entonces- y se lanzaron a una convergencia de denuncias que tuvo su epicentro en la “amenazada” -decían- Huerta de San Vicente. Alguno de los ‘protestantes’ se perdió por los caminos, señal inequívoca de que era la primera vez que la visitaba- en una rueda de prensa convocada en el entorno de la Huerta, varios de los ‘esforzados’ protagonistas de aquellos días ya no están entre nosotros y la prolongada polémica, en fin, se disolvió cuando Radio Granada encargó una encuesta en serio que vino a concluir que la necesidad de la carretera de ronda era superior a los perjuicios que causaría.
Eso y que, entre medias, la misma emisora destapó que la comisión que los ‘anticircunvalantes’ habían montado con colectivos de todo tipo -solo faltaron los amigos de la capa y tampoco estoy  muy seguro- había copiado con descaro su propuesta, lo que culminó el descrédito. Digo y escribo esto último porque hay quienes rememoran y escriben la historia según lo publicado por ellos mismos. Y como ellos mismos se tragaron esta noticia, pues… revisitan páginas, rememoran… y parece que nunca existió todo lo que quedó fuera entonces.

A esta reflexión de contraste entre polémicas animadas de ayer y de hoy me ha llevado también la última nevada de esta temporada, que obligó a cerrar el Puerto de la Mora, en la Autovía del 92. Sí, amigos: por aquellos mismos años de ‘anticircunvalantes’ desatados que pretendían hablar en nombre del medio ambiente y el paisaje se abrió la A-92, que a su paso abrió en canal la Sierra de Huétor, una inmensa tala en hilera cuyo verdadero calado dejó en evidencia el entonces presidente de la patronal granadina, Luis Curiel. Digámoslo en su honor: como sus llamadas a la cordura no encontraban eco, fotografió desde el aire aquella línea abierta por donde hoy discurre la carretera. La voz que clamó en el desierto trataba de poner cordura: evitar el trazado por el Puerto de la Mora y desviar la A-92 hasta hacerla converger por Iznalloz con la carretera de Madrid, que también se ensanchaba en esa época hasta hacerla autovía, compartiendo una treintena de kilómetros y abriendo más carriles ante el previsble aumento de tráfico hasta desembocar por detrás de Guadix y seguir a Baza, Murcia…

La Junta, promotora de la A-92, desechó la propuesta. En años anteriores Guadix se había levantado contra el hospital de Baza, el único previsto en la comarca. Decirle a los accitanos que la carretera no pasaría por el pueblo era un desafío que la Junta no estaba dispuesta a aceptar. Me acuerdo de Curiel cada vez que oigo que el Puerto de la Mora se ha cerrado al tráfico a causa de la nieve. Él ya lo predijo. Para tirar la A-92 por allí se hizo también la larguísima cuesta a espaldas de Víznar y Alfacar donde los camiones se asfixian y provocan retenciones y alertas de choque por alcance… En fin: que ninguno de aquellos ecologistas tan concienciados por el medio ambiente de la Primera Circunvalación se sintió impelido a alzar la voz contra la tala de Huétor Santillán. Allí, por lo visto, no había tantos votos en juego.

Ahora, por lo visto, tampoco. Pronto la Segunda Circunvalación entrará en servicio. A partir de ese día, tentémonos la ropa: hay toda una bolsa de terreno entre la nueva y la actual circunvalación que no pasará desapercibida a promotores, constructores y concejales de Urbanismo de todo pelaje. Negras tormentas agitan los aires de la Vega. Rezo para no tener que rezar un réquiem.


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