Miércoles, 18 enero, 2017

Científicos hallan un prometedor enfoque para tratar el Parkinson

Un nuevo estudio de la Universidad de Rochester muestra que manipular correctamente los astrocitos, una población de células de apoyo que se encuentra en el cerebro, podría ser un nuevo y prometedor enfoque para tratar la enfermedad de Parkinson.

Parkinson
E.P


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Estos resultados, que se alcanzaron usando un modelo animal de la enfermedad, demuestran que una sola terapia podría reparar simultáneamente los múltiples tipos de daño neurológico causados por el Parkinson, proporcionando un beneficio global que no se ha logrado con otros enfoques.

“Uno de los desafíos centrales en la enfermedad de Parkinson es que muchos tipos diferentes de células están dañadas, cada una de las cuales tiene potencial importancia –afirma Chris Proschel, profesor asistente de Genética Biomédica en el Centro Médico de la URMC y autor principal del estudio, que se publica en ‘EMBO Molecular Medicine’–. Si bien sabemos que la pérdida colectiva de estas células contribuye a los síntomas de la enfermedad, la mayor parte de la investigación actual se centra en la recuperación de un solo tipo de células”.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico progresivo que afecta a un estimado de un millón de estadounidenses. Aunque la condición está asociada con la pérdida de neuronas dopaminérgicas, células que producen el importante neurotransmisor dopamina, el impacto de la enfermedad es en realidad mucho más complejo y de gran alcance, interrumpiendo funciones básicas de señalización y activación de la destrucción de otros varios tipos de células que se encuentran en el cerebro.

En consecuencia, mientras que la preservación y restauración de las neuronas productoras de dopamina es fundamental para ralentizar o invertir el curso de la enfermedad, cada vez está más claro que cualquier éxito de la terapia a largo plazo debe proteger tanto las áreas del cerebro atacadas como fomentar la reparación no sólo de las neuronas dopaminérgicas sino también del daño que se produce en otras poblaciones de células.

“Revertir el impacto de la enfermedad en el cerebro es similar a la fijación de los retos de una casa que se encuentra en proceso de desmoronarse”, pone como ejemplo Proschel. “Si sólo se centran en hacer frente a uno de los aspectos del problema, como el cableado, pero se ignora el hecho de que el techo tiene goteras y la estructura se está desmoronando, entonces es que no se han llevado a cabo las reparaciones necesarias y es sólo una cuestión de tiempo antes de que las luces se apaguen de nuevo”, explica.

Mediante el uso de células de cerebro humano, Proschel y sus colegas aislaron una población de células que se encuentra en el sistema nervioso central llamados precursores gliales e indujeron las células precursoras a producir una clase específica de astrocitos. Mientras que los astrocitos tienden a acumular mucha menos atención que las neuronas, sin embargo, son esenciales para mantener un ambiente saludable en el cerebro. Por otro lado, los científicos están aprendiendo que la disfunción del astrocito puede contribuir a múltiples trastornos neurológicos.

En ambos casos, la capacidad para darse cuenta de las implicaciones terapéuticas de estos descubrimientos ha sido difícil de demostrar. La capacidad de los laboratorios, como el de Proschel, de aislar e identificar las propiedades únicas de los diferentes tipos de astrocitos, esencialmente la búsqueda de la célula correcta para el trabajo correcto, ofrece la posibilidad de aprovechar estas células para nuevas terapias.

Los astrocitos utilizados en el estudio difieren de otros tipos de astrocitos presentes en el cerebro maduro. Cuando se implantaron en el cerebro de ratas con enfermedad de Parkinson, las nuevas células actuaban como los astrocitos que se encuentran en el cerebro en desarrollo, que son más eficaces en la construcción de las conexiones entre los nervios y la construcción de un entorno adecuado para el crecimiento y la reparación.

ACTÚAN COMO UN EQUIPO DE REPARACIÓN

En consecuencia, los astrocitos implantados actuaron como un equipo de reparación, restaurando la salud y la estabilidad de la estructura y permitiendo que las células nerviosas del cerebro se recuperen y reanúden su actividad normal. Los investigadores tuvieron cuidado de implantar las células sólo después de que las ratas habían desarrollado síntomas de la enfermedad de Parkinson, una espera que fue importante porque se parece a cómo se utiliza una terapia similar en los seres humanos, donde el daño neurológico causado por la enfermedad precede a sus síntomas visibles.

Tras el trasplante, los científicos observaron que no sólo se recuperaron las neuronas dopaminérgicas en los animales sino que otras células nerviosas llamadas interneuronas también fueron rescatadas, algo que ningún tratamiento anterior ha logrado. Las interneuronas juegan un papel importante en el procesamiento de información y control de movimiento y también se pierden en la enfermedad de Parkinson.

Por otra parte, la terapia restauró los niveles normales de sinaptofisina, una proteína que es esencial para la comunicación entre las células nerviosas. Las ratas trasplantadas recuperaron habilidades motoras a niveles normales, revirtiendo esencialmente los síntomas de la enfermedad.

“La importancia central de este trabajo es la revelación de una potencialmente nueva terapia celular para la cual se cuenta coon las células humanas adecuadas, que se puede utilizar para restaurar varias poblaciones neuronales y rescatar la maquinaria molecular crítica en la comunicación entre las células nerviosas, incluso cuando las células son trasplantadas después de que ya se ha establecido el daño –resume Mark Noble, miembro del Instituto de Medicina Regenerativa y coautor del estudio–. A partir de lo que ya se sabe sobre estas células, parece probable que ofrecen un enfoque prometedor para una variedad de afecciones neurológicas”.

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