Domingo, 22 enero, 2017

Centrémonos, estamos en campaña

Foto: Archivo
Pedro Vaquero | @pvaqdp


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Estamos ya en campaña electoral. Habrá elecciones anticipadas. No es posible sacar una mayoría para conformar gobierno con los mimbres de esta negociación de los partidos. Pedro Sánchez se lo cree. Pero ni PP, ni Ciudadanos, ni Podemos, ni los nacionalistas, ni los barones del PSOE tienen como objetivo en estos momentos contribuir a cerrar un acuerdo de investidura, pues plantean las cosas de tal forma que es imposible creer en su compromiso de viabilización de un gobierno, sea a la izquierda o a la derecha, a la vez que ponen unas líneas rojas que les impiden llegar a redondear la cifra necesaria para tener mayoría en la votación del Congreso:

– El PP votará no a un gobierno configurado por cualquiera que no sea Mariano Rajoy (ni siquiera encabezado por otro candidato del PP). Quiere provocar el fracaso de Sánchez y forzar unas nuevas elecciones generales, ganar tiempo para recomponer su credibilidad y que olvidemos la corrupción que le tiene acorralado.

– Podemos y las confluencias no puede rebajar su contenido y significado político por debajo de las expectativas creadas ante su electorado: derogación de la reforma laboral, de la LOMCE, de la ley mordaza, reforma constitucional, introducción del derecho a decidir, convocatoria de un referéndum en Cataluña, plan de empleo, plan de emergencia social, medidas contra la corrupción. IU coincide con Podemos en esto por su peso en votos y su presencia en las confluencias. Si Podemos renunciase a esos mínimos o líneas rojas, abriría el espacio de la izquierda que hoy hegemoniza a favor de IU. Podemos no puede abstenerse ante un pacto PSOE-Ciudadanos, ni renunciar a entrar en el gobierno (sería aceptar que el voto útil de la izquierda es en solitario el del PSOE).

– Ciudadanos tiene en su ADN la negativa al derecho a decidir, y es una fuerza ultraliberal en sus concepciones económicas y sociales (inmigrantes, mujer). Su incompatibilidad con Podemos es algo real, no una línea roja caprichosa.

– Los nacionalistas ERC y Convergencia no van a consentir que gobierne Sánchez sin que se les conceda de alguna forma el derecho a decidir. Solo PNV está cómodo en su papel de nacionalismo moderado, al menos mientras ETA siga existiendo y esto frene las expectativas electorales de Bildu.

– Los barones del PSOE no van a renunciar a ponerle trabas a Sánchez a la hora de impedir un acuerdo con Podemos, porque creen que sería el abrazo del oso, retrasaría el relevo de Sánchez en la secretaría general, y porque contraría su cultura felipista de social-liberalismo en el alineamiento interno, europeo y global.

Ójala me equivoque, pero todo apunta a que habrá nueva elecciones generales en junio.

Pero si esto es así, lo que hace falta es que la izquierda al menos (entendiendo como tal las fuerzas a la izquierda del PSOE) no pierda el tiempo y aproveche estos tres meses que median para configurar una confluencia de fuerzas que sumen los cinco millones de votos de Podemos, el millón de IU, y cree un agente multiplicador que consiga al menos ocho o diez millones de votos para gobernar. La unidad de la izquierda debería ser el objetivo. No sería yo quien prescindiese del PSOE como fuerza de izquierdas, pues siempre he considerado que la inmensa mayoría de los votos y militantes de este partido son sinceramente de izquierdas. Pero la reciente historia nos demuestra que es el mismo PSOE quien se autoexcluye de esa unidad de la izquierda. Tiempo habrá de retomar la necesaria confluencia con fuerzas como el PSOE. Pero me temo que mientras el PSOE no deje de ser la alternativa inmediata de la derecha conservadora, no se apeará de esa cultura felipista de ser una de las dos ruedas del bipartidismo. El PSOE necesita su catarsis, y se le debe dejar que se tome su tiempo… y su espacio.

No debemos tomar el nombre de Dios en vano, dicen las tablas de Moisés. El nombre de la unidad no es lo de menos, pero hay que reconocer que algunos nombres no pueden ser ya la denominación del conjunto, pues lo son de sus elementos parciales (izquierda unida, unidad popular, podemos, sí se puede…). Además porque el objetivo no debe ser la suma de siglas por las respectivas cúpulas de estos partidos, sino la confluencia real de sus bases militantes y electorales. Sólo así se puede producir el efecto multiplicador necesario para llegar a gobernar con garantías de cambiar de verdad las cosas: confluencia con base en la acción en la calle, en el mundo laboral, académico y social de todo tipo, con proyección hacia un programa común transformador y factible, fruto de una cultura amasada en el trasvase pedagógico de los diversos saberes de los movimientos que la conforman (anarquista, socialista, comunista, humanista, ecologista, feminista, pacifista, de la diversidad sexual, de la defensa de los animales, de los nacionalismos integradores, etc.).

¿Es posible? Dificultades las habrá. Provienen sobre todo de los roces más antiguos y más cercanos entre los diferentes grupos que conforman esta pluralidad. Por eso corresponde aprovechar el tiempo, que solo quedan tres meses.

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