Miércoles, 13 Diciembre, 2017

            

Cardiólogos reclaman un mayor uso global de la polipíldora cardiovascular, aprobada sólo en 50 países

"El buen cumplimiento del tratamiento reduce de manera significativa el riesgo de sufrir un nuevo infarto", ha recordado Fuster

Foto: EP
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Diferentes cardiólogos participantes en el Congreso Europeo de Cardiología (ESC, en sus siglas en inglés) que se celebra estos días en Barcelona han reclamado un mayor uso global de la polipíldora cardiovascular, que actualmente solo está aprobada y comercializada en 50 países, como parte de una estrategia de salud pública para la prevención de eventos cardiovasculares.

El fármaco, comercializado por laboratorios Ferrer, combina la atorvastatina, el ácido acetilsalicílico y el ramipril-5, tres principios activos indicados según las guías de práctica clínica en pacientes que han sufrido un evento cardiovascular previo, como un infarto o un ictus.

Durante el simposio ‘Poner la polipíldora en práctica’ celebrado este domingo, el director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), Valentín Fuster, que participó en su desarrollo, considera que el medicamento sigue siendo una asignatura pendiente por parte de los profesionales y las autoridades sanitarias.

“El uso masivo de la polipíldora debería ser una estrategia de salud pública porque ayudaría a optimizar el tratamiento y prevención de la enfermedad cardiovascular en el mundo”, ha destacado este experto, recordando los beneficios clínicos y económicos en términos de coste-eficiencia que ofrece.

Los pacientes cardiovasculares, en particular aquellos que han sufrido un infarto o un ictus previo, deben tomar muchos medicamentos al día y a horas diferentes, y corren el riesgo de que cada mes deban tomar diferentes genéricos, con distinta forma y color, lo que dificulta el seguimiento diario de la pauta prescrita por sus médicos.

Y en ese sentido, diversos estudios han revelado que la polipíldora aumenta la adherencia al tratamiento en los pacientes hasta un 58 por ciento, además de conseguir un mejor control de la presión arterial y el colesterol.

“El buen cumplimiento del tratamiento reduce de manera significativa el riesgo de sufrir un nuevo infarto”, ha recordado Fuster.

HAY QUE PENSAR EN PREVENCIÓN A LARGO PLAZO

Por su parte, el también cardiólogo e investigador del CNIC José María Castellano considera que el uso de la polipíldora sólo se extenderá cuando se apliquen medidas de prevención cardiovascular como estrategia de salud pública y visión a largo plazo.

“Los datos epidemiológicos avalan la utilidad de la polipíldora cardiovascular, como ha ocurrido en otras pandemias como el VIH, malaria o tuberculosis, en las que un alto porcentaje de pacientes no tenían acceso al tratamiento que puede llegar a cronificar la enfermedad”, según este experto.

Además, otro escenario de la polémica se centra en la exigencia, por parte de los expertos, en dedicar más recursos a campañas informativas dirigidas a concienciar a la población de que el reto de llegar a un modelo de buena salud cardiovascular es compartido y colectivo.

Para conseguirlo, según Castellano, “haría falta que los organismos internacionales responsables de la salud pública mundial garanticen la accesibilidad del tratamiento a todos los afectados, sin distinción de procedencia o nivel de renta”.

“El 80 por ciento de muertes por enfermedad cardiovascular se producen en países de baja y media renta y sólo un 10 por ciento de la población tiene acceso a tratamientos preventivos. En este caso, la polipíldora es la estrategia más escalable para garantizar el acceso a fármacos”, ha sentenciado.

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