Miércoles, 26 Julio, 2017

            

Caparrós, de la cima a la sima

Joaquín Caparrós durante un entrenamiento del Granada


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El fútbol es veleidoso como pocos deportes. Por mucho que hoy todo sea blanco y celestial, mañana puede ser negro. Sin pasar por el gris, sin analgésico de por medio, sin campana alguna que avise que el recreo se ha terminado. Hace justo un mes, en la jornada cuatro, presumíamos en este rinconcito del gran inicio de Liga del Granada de Caparrós. Con 8 de 12 puntos posibles, igualaba el inicio de la temporada 75-76. 39 años habían llovido de aquel fabuloso arranque del conjunto nazarí. Hoy, en la jornada octava, apenas treinta días después, los rojiblancos han vuelto a hacer historia… pero de otro modo. La derrota ante el Rayo supuso el cuarto partido perdido de manera consecutiva, la primera vez que le sucede al equipo andaluz desde su regreso a Primera División hace ya cuatro campañas. Este dato también nos retrotrae a la mencionada temporada 75-76. Entonces, en el inicio de la segunda vuelta el Granada de Miguel Muñoz ‘palmó’ cinco encuentros seguidos y acabó descendiendo a Segunda División.

Sigo pensando que los rojiblancos no deberían sufrir demasiado para permanecer un año más en la élite del fútbol español. «Los hay mucho peores», que diría mi amigo Deme, socio y fan incondicional del conjunto nazarí desde hace ya unos cuantos años. «Y eso no quiere decir que nosotros seamos malos» le apostilla un servidor. Pero no tengo el mismo convencimiento con el maestro Caparrós. El utrerano es especialista en hacer milagros con los equipos de la clase media-baja, pero quizás en la ciudad de la Alhambra tenga lugar la excepción que confirma la regla. En las próximas dos semanas, su futuro en el banquillo de Los Cármenes estará en juego. Ipurúa y recibir al Madrid son dos puertos de Categoría Especial que deberá subir con la espada de Damocles sobre sus anchas espaldas. «La palabra tiempo no existe en la alta competición», Caparrós dixit tras el fiasco contra el Rayo. Pina firma debajo. Ojo Joaquín.

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