Lunes, 29 Mayo, 2017

Caballero Bonald, García Montero o Benjamín Prado recuerdan a Machado

Se cumplen 75 años de su muerte

Agencia


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Cuando se cumplen 75 años de la muerte de Antonio Machado (Sevilla, 1875- Colliure, 1939), poetas como Luis García Montero, José Manuel Caballero Bonald, Benjamín Prado o Luis Alberto de Cuenca recuerdan al autor de ‘Soledades’ como “un espejo de los españoles íntegros y su ideario social”.

Machado, poeta emblemático de la Generación del 98, murió en Colliure el 22 de febrero de 1939. Hacía menos de un mes que, acompañado de su madre, Ana Ruiz, y de su hermano José, había llegado a la estación de ferrocarril del pequeño pueblo de mar al sureste francés.

“Los últimos días de Machado simbolizan la derrota de la República en la Guerra Civil española”, explica el poeta Luis García Montero, para quien “si en España existe un poeta nacional ese es Antonio Machado”.

A sus 88 años, Ana Ruiz llegó a Colliure muy afectada por el viaje y preguntó a sus hijos cuánto faltaba para llegar a Sevilla. Ya no volverían nunca. Sin un lugar donde alojarse, acudieron al hotel de la familia Quintana. En la habitación número 5 se alojaron don Antonio y su madre. Junto a ella, en una más pequeña, se instalaron su hermano y su esposa.

“En la habitación que ocupó Machado había un pequeño balcón con vistas al pueblo y dos pequeñas y modestas camas. En una de ellas, la más alejada de la puerta, murió Machado, cuyo cuerpo fue sacado por encima de la otra cama, en la que se encontraba su madre. ‘Merci, madame’ y ‘Adiós, madre’ fueron sus últimas palabras, las primeras en referencia a la señora Quintana, que les dio alojamiento consciente de que sería muy difícil que aquellos dos hombres mayores que cuidaban de una anciana y que huían de un país devastado pudieran pagarle algún día”, explica el poeta granadino Fernando Valverde, que obtuvo el Premio Antonio Machado de la Fundación de Ferrocarriles Españoles en 2012.

A las cuatro de la tarde del día 22 de febrero, Antonio Machado murió de una neumonía. Su madre lo acompañó sólo tres días después. Cuando José metió su mano en el bolsillo de la chaqueta de su hermano encontró dos papeles arrugados. En uno de ellos el poeta recordaba a Guiomar. En el otro dejó escrito un verso “enigmático y solitario”: ‘Estos días azules y este sol de la infancia’.

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