Sábado, 15 de Diciembre de 2018

            

‘Bullying’, una problemática que puede marcar toda una vida

La asociación ‘No al acoso’ aconseja a las personas que pasan por esta situación que no tengan miedo y cuenten los hechos, pues con ayuda pueden acabar con el maltrato

Mateo muestra su historia para ayudar a quien lo sufre a salir adelante | Foto: Archivo GD
Sarai Bausán García | @Sarai_Bausan


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Suena el despertador y, como cada mañana, Mateo se prepara para el día que comienza. Se viste, se peina, desayuna. Ya está listo. Pero, en su cabeza, no deja de pensar qué puede hacer para no tener que dirigirse a ese lugar que tanto daño le produce: el colegio. A casi ningún niño le gusta ir a clase, pero para Mateo la cosa es diferente. Su problema no está en estudiar, hacer deberes o salir a la pizarra, sino en quienes le rodean durante todo ese proceso: sus compañeros. Los mismos que desde hace más de dos años le han hecho la vida imposible con palizas e insultos constantes.

Mateo -no es su verdadero nombre, pues prefiere ocultarlo por miedo a posibles represalias-sufre una de las problemáticas más comunes e inaceptables de la sociedad actual: el acoso escolar, también llamado ‘bullying’. Todo comenzó cuando aún se encontraba en segundo de Primaria. Al principio solo eran pequeños actos como esconderle el estuche o quitarle los lápices, pero, poco a poco, lo que para los profesores eran “cosas de niños” acabarían convirtiéndose en días llenos de temor a encontrarse lejos de la seguridad de un adulto.

Gracias a la intervención de sus padres, este niño granadino de tan solo 10 años puede disfrutar en la actualidad del cariño y respeto de sus compañeros en su nuevo colegio, al que entró para cesar ese “infierno” y en el que al fin se siente seguro.

Con la tranquilidad que le proporciona saber que los días serán muy diferentes y que los malos recuerdos ya quedaron atrás, Mateo cuenta todo por lo que pasó con una sonrisa en la cara. “Ya estoy bien, me encuentro genial. Apenas me acuerdo ya de todo eso”, muestra satisfecho mientras mira a su padre, quien, junto con el resto de su familia, ha supuesto uno de sus pilares fundamentales en este duro trance.

Una familia que, a pesar de sospechar que algo pasaba en el entorno escolar del menor, no lo vieron con claridad hasta que Mateo llegó tan afectado por lo vivido en clase que se encerró en el sótano de su casa y se negó a salir de allí. “Nosotros últimamente teníamos que ir todos los lunes a recogerlo porque supuestamente se ponía malo y no había domingo en el que no dijera que se encontraba mal para no ir al día siguiente a clase, pero los profesores siempre que preguntábamos nos decían que eran cosas de críos”, comenta este padre que desde el mismo instante que descubrió por lo que pasaba su hijo llamó a todas las puertas posibles para conseguir que su hijo saliese de esa situación y pudiera disfrutar de su niñez.

Junto a esto, el padre explica: “No fue hasta que se encerró en ese cuarto y se negó a salir cuando nos enteramos de verdad por todo lo que estaba pasando. Fue cuando explotó y nos lo contó todo”.

Y es que Mateo, como él mismo expresa, intentaba llegar a casa y olvidar los problemas sin compartirlos con sus progenitores para no disgustarles. “Yo no le quería contar nada a mis padres para no preocuparles. Ese día se lo dije, pero con vergüenza. Se lo conté porque me quería ir ya de ese colegio. Eran todos los niños de mi clase contra mí y ya no podía más”, incide.

Cristina se niega a contar su historia por teléfono o en persona por el miedo que padece en la actualidad a hablar en público. Las vivencias que ha tenido que soportar durante su etapa de estudiante le han convertido en una persona tímida y con miedos que padece con asiduidad ansiedad y depresión y que, incluso, ha pasado por la fobia social y la autolesión.

Los días de Cristina -cuyo nombre tampoco es real por el mismo motivo que Mateo- estaban llenos de acoso verbal en el que durante cuatro años los calificativos de “gorda” o “fea” eran un constante que se entremezclaban con la exclusión de todos sus compañeros.

“Mi día a día era horrible, tenía miedo de ir al instituto por temor a los insultos que me podían decir”, expresa de forma escrita esta joven de Granada. Unos momentos en los que, según ella misma cuenta, continuamente pasaba por su cabeza la idea de quitarse la vida, pues “no sabía cómo asumir todo lo que me estaba pasando y cómo enfrentarme a ellos”.

Cristina, quien diariamente sigue luchando por superar todos esos problemas y disfrutar de su propia vida, cuenta algunos de los momentos que ha padecido desde que tenía 12 años hasta la actualidad: “Recuerdo que un día me caí, tenía la boca sangrando y todo el mundo se reía de mí y me señalaba durante todo el día. Incluso, en la calle, una vez me tiraron una piedra tras haberme llamado gorda y fea”.

“No creo que pueda olvidar nunca lo que he tenido que pasar o lo que estoy pasando, pero sí que hay que atajar la situación y pedir ayuda”, recalca.

Unas vivencias que, al contrario de lo que sucede con Mateo, quien se encuentra en la actualidad perfectamente y sin necesidad de acudir a ningún especialista para tratar los sentimientos y miedos que ya no posee; ha marcado a Cristina “de forma increíble”. “Me di cuenta de que la vida no era como yo pensaba, que es muchísimo más dura de como todos la pintar”, incide la joven granadina.

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Teléfono contra el acoso escolar, gratuito y disponible 24 horas del día | Foto: E.P./Archivo

¿CÓMO DESCUBRIR QUE UNA PERSONA SUFRE ACOSO ESCOLAR?

Los niños que han pasado por estos problemas cuentan con el apoyo y la comprensión de la asociación ‘No al acoso’, que ha ayudado tanto a Cristina como a Mateo a darse cuenta de que ellos no tienen la culpa de lo que ha sucedido y que son muy valientes de haberlo contado y haber hecho frente a todo lo sucedido.

Para ellos, el acoso escolar es cualquier actitud agresiva, intencionada y repetida que ocurre sin motivación evidente, adoptada por uno o más estudiantes contra otro u otros compañeros y que puede desarrollarse en forma de maltrato psicológico, verbal o físico. “El tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en el aula y el patio de los centros escolares”, comenta Javier Pérez, psicólogo y presidente de la organización.

Entre las pistas que pueden delatar que una persona sufre acoso escolar se encuentran las modificación del carácter, un brusco descenso en el rendimiento escolar, el abandono de aficiones, la angustia, el nerviosismo, la ansiedad, la negativa a asistir al centro, la pérdida de capacidad de concentración, la pérdida de confianza en sí mismo y el aislamiento.

Asimismo, en la escuela suelen ser objeto de burlas o bromas desagradables, son calificados con motes y suelen estar involucrados en discusiones y peleas en las que se encuentran indefensos y siempre acaban perdiendo. Además, tienen dificultades para hablar y dan una impresión de inseguridad y ansiedad.

En cuanto a los aspectos que pueden ser observados en casa se encuentra que lleguen tras el colegio con la ropa estropeada, con los libros sucios o rotos y que no quieran ir a la escuela o pidan que les acompañen.

UNA SITUACIÓN QUE TIENE SALIDA

Cada una de las personas que pasa por este tipo de sucesos comparte el pensamiento de que nadie puede ayudarle a salir de esa situación y que lo mejor es continuar así porque, si hablan con algún adulto al respecto, las represalias serán peores. Pero, como señala el psicólogo Javier Pérez, lo primero que deben hacer las personas que lo sufren es contarlo porque se puede acabar con esa situación y terminar con ese sufrimiento. Además, el profesional señala que “no hay nada que justifique el acoso” y que los órganos directivos de los centros educativos deben estar preparados para saber atajar estos cambios.

Unas instituciones educativas que, tal y como opinan tanto Pérez como Cristina, Mateo y su padre, no están preparadas para atajar esta problemática, siendo su manera de actuar ante el acoso “insuficiente y falta de conocimiento”. “Andalucía es una de las comunidades que tienen mayor índice de acoso y lo que hemos tratado a nivel de profesorado y de inspección deja mucho que desear porque hay poca formación, poca preparación y poca sensibilidad en las instituciones educativas. Es brutal que no sepan tratar esto”, comenta el presidente de ‘No al acoso’, asociación que imparte talleres y cursos para mostrar a las instituciones cómo paliar esta circunstancia.

“Yo creo que  los profesores no están nada preparados para esto, por lo menos en mi caso. Ellos me dicen que no les haga caso a los acosadores, pero eso es imposible porque están constantemente repitiendo sus insultos hacia mí. Lo que hacen los centros es decir que el problema es de quien lo padece”, expresa Cristina.

UN PROBLEMA QUE AFECTA A TODO EL ENTORNO

Mateo narra cómo han sido estos años para él con una mirada serena y adulta en el semblante que choca con su aspecto de niño de Primaria. Observa con respeto a su padre quien, junto a su madre, le ha apoyado en cada paso de este camino. Porque tal y como afirma el presidente de ‘No al acoso’, el ‘bullying’ no solo lo sufre la persona que lo padece, sino todo su entorno y su familia de una manera intensa. “Los padres sufren mucho porque ven cómo se deprimen sus hijos y cómo lo pasan por todos estos hechos”, recalca.

Uno de los problemas que encontraron estos padres cuando descubrieron por todo lo que pasaba su hijo fue no saber cómo proceder. Lo primero que deben hacer todos los familiares, según afirma la asociación, es tener una buena comunicación con los niños para que se sientan con la suficiente confianza para contar si le pasa algo en el colegio. Para ello, hay que conseguir tener una relación “de calidad” en la que no solo se le pregunte al niño qué tal el día, sino que se preste atención a sus palabras y a los pequeños detalles. “Si ves que está triste, que está apartado o que no trabaja en grupo, debes llamar al colegio y moverte, porque el tiempo siempre va en tu contra”, indica el presidente de la organización.

“Lo primero que deben hacer los padres es decirles a los niños que no tienen la culpa de nada, no es culpa suya, es del acosador y ese acosador es quien necesita reafirmarse”, continúa Javier Pérez. “Muéstrale confianza a tu hijo y no le quites importancia al asunto. Déjale que hable y que te explique todo: desde cuando, quienes, porqué, qué es lo que le hacen o dicen y ponlo en conocimiento del centro escolar, pero nunca intentes hablar con os agresores directamente ni con sus padres. Si la respuesta del centro es insuficiente, contacta con las instituciones necesarias”, recalca la Asociación en su página web.

Para el padre de Mateo, ‘No al acoso’ fue un apoyo fundamental para saber cómo poner solución al temor de su hijo. “Cuando me enteré de lo que pasaba me pilló por sorpresa, no sabía qué hacer, menos mal que la asociación me dijo que realizara los trámites directamente con el Ministerio de Educación porque en el centro no iban a hacer nada más que abrir un protocolo de actuación que yo creo que aún sigue abierto y gracias a eso en dos días ya estaba el niño fuera del colegio, que era lo que queríamos”, informa.

LOS ACOSADORES TAMBIÉN NECESITAN AYUDA

“Ahora por fin está bien y no ha tenido que ir a psicólogos ni nada porque hemos estado mucho con él y diciéndole que no tiene la culpa y que es muy valiente, que no es nada de lo que le decían los de su clase”, dice aliviado este progenitor que ha visto cómo los padres de los niños que insultaban a Mateo “se reían” al contarles los hechos.

Por ello, tanto este padre como la Asociación piensan que la ayuda y los consejos no solo deben darse a los niños que sufren acoso escolar, sino también a los agresores. “El acosador realiza estos actos porque le va bien y consigue popularidad, respeto, temor o, incluso, dinero; por lo que lo primero que se debe hacer es encontrar qué es lo que obtiene el acosador y quitárselo, así no lo hará más. Además, las familias no tienen los límites bien marcados y los chavales hacen lo que quieren y eso hay que cambiarlo desde los hogares”, señala el psicólogo Pérez.

Para corregir estas actuaciones, desde ‘No al acoso’ aconsejan a los familiares del agresor mostrarle confianza e intentar averiguar porqué actúa de esa manera y hacerle entender que el respeto a los demás es la clave de la convivencia y que el acoso es inaceptable. “Hazle que piense cómo se sentiría si se lo hicieran a él. Trabaja la empatía y, por supuesto, no le rías la gracia”, recalca la institución.

Otro de los puntos clave de este ‘triángulo’ del acoso son los testigos, esos visualizadores silenciosos que, por miedo o por afán de integración, no solo no frenan los abusos sino que, en ocasiones, pueden llegar a incentivarlos, alabarlos o formar parte de ellos.

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Mateo disfruta de su día a día en su nuevo colegio, dejando atrás el acoso escolar | Foto: Redacción GD

‘No al acoso’ les recomienda a los padres de estos niños que les hagan entender que hay que ponerse en el lugar de la víctima, rompiendo la ley del silencio y alertando a los profesores de lo que han visto, ya que no tiene que tener miedo a ninguna represalia por parte del agresor porque en el momento en el que éste no se sienta apoyado por el resto, dejará de actuar.

“La clave está en el papel de los iguales. Si los iguales dejan de tener miedo y de callarse, estos hechos se acabarán porque el acosador solo quiere ese reconocimiento y el poder”, muestra el presidente de la organización.

¿QUÉ HACER PARA SOLUCIONARLO?

Tanto el presidente de ‘No al acoso’ como Cristina, Mateo y su padre quieren dejar claro un aspecto: el bullying es un infierno para quien lo sufre pero se puede salir de él. Para ayudar a quienes pasan por este trance se ha habilitado un teléfono contra el acuso escolar. Así, quien lo desee puede llamar al 900 018 018, un teléfono gratuito y cuyas llamadas no quedan reflejadas en la factura en el que los solicitantes podrán hablar con psicólogos especializados que atenderán cada caso.

Además, desde la asociación ‘No al acoso’ aconsejan que los perjudicados no tengan miedo y lo cuenten. “El gran enemigo del acoso es el silencio. Quien lo sufre no dice nada porque tiene vergüenza de no poderlo solucionarlo él mismo y tiene miedo de si va a ser peor para él. Tenemos que incentivar que los niños se sientan seguros para decirlo pero que también haya un adulto que les escuche y les ayude”, muestra Pérez.

Por su parte, Cristina aconseja a quienes pasan por lo mismo que ha vivido ella que “no a todo el mundo le vas a agradar ni le vas a caer bien, valórate muchísimo y que no le hagas caso a toda esa gente que se mete contigo por sentirse mejor con ellos mismos. Es solo una etapa y todo lo malo pasa”.

Así que si pasas por una situación así o conocer a alguien que sufre este problema, no lo dudes, aunque en este momento pueda parecer algo imposible de superar que puede incluso con tu propia vida, con la ayuda de tus seres queridos podrá pasar a ser un mero mal recuerdo que sirva de antesala a una nueva vida.


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