Lunes, 11 Diciembre, 2017

            

Beneficios de la terapia ecuestre en niños con retraso psicomotor

La intervención con los caballos se realizó en las instalaciones de la Fundación Caballo Amigo y se realizaron tres mediciones, tanto de la función motora gruesa como de la percepción de la calidad de vida



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Montar a caballo con la ayuda de un terapeuta mejora diferentes cualidades motoras de niños con retraso psicomotor, según un estudio en el que participan varios centros españoles que han confirmado que mejora la mejora la espasticidad y el equilibrio de los menores.

Desarrollado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Fundación Caballo Amigo (Madrid) y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), el estudio revela que la terapia con caballos ha resultado efectiva en un conjunto de niños con un nivel de desarrollo psicomotor no acorde con su edad.

“Hemos comprobado que mejora su espasticidad (músculos contraídos), el control del tronco, el equilibrio, la marcha y la función motora gruesa (relativa a grandes grupos musculares)”, señala Susana Muñoz, investigadora del departamento de Medicina Física y Rehabilitación de la UCM y una de las autoras del estudio, publicado en Neurología.

No obstante, la terapia ecuestre, que siempre debe ser complementaria del tratamiento principal, no reflejó cambios en la calidad de vida percibida por los menores. Por tanto, la recomendación es utilizarla como tratamiento complementario para pacientes de diferentes patologías, entre ellos, personas con retraso psicomotor, especialmente niños.

Los investigadores señalan que existen dos tipos de tratamientos ecuestres. Por un lado, la hipoterapia que consiste en que el paciente se encuentra sentando sobre una montura o tapiz en el dorso del caballo, al paso, y no se le exige participación directa, porque el objetivo principal es rehabilitar.

Por otra parte, la equitación terapéutica que necesita que la persona participe de forma activa, en la dirección, velocidad y control del caballo, porque el objetivo fundamental es el aprendizaje terapéutico.

Los pacientes eran once niños de entre 3 y 15 años con patologías muy diferentes: cinco presentaban parálisis cerebral infantil (uno de ellos en combinación con  síndrome de Down), cuatro tenían retraso madurativo, uno de ellos sufría el síndrome de Dandy Walker (una anomalía congénita) y otro más, el síndrome isodicéntrico 15 (fruto de una anomalía cromosómica).

LA CALIDAD DE VIDA NO MEJORA

La intervención con los caballos se realizó en las instalaciones de la Fundación Caballo Amigo y se realizaron tres mediciones, tanto de la función motora gruesa como de la percepción de la calidad de vida.

Cinco de los participantes en la investigación recibieron tratamiento de hipoterapia, otros cinco, equitación terapéutica y otro, un paso intermedio entre ambos. Los menores recibieron terapia un día a la semana en una sesión de 45 minutos durante todo el curso escolar.

Fuera de la fundación, todos continuaron con sus sesiones de tratamiento rehabilitador habitual y mantuvieron su tratamiento farmacológico. Las mediciones a los pacientes se extendieron durante cuatro meses, antes y después de un período de inactividad marcado por las vacaciones navideñas, y dos meses después de la segunda valoración.

“Los resultados han mostrado una mejora en la función motora gruesa, sobre todo en las áreas de rodillas y gateo y en bipedestación (caminar con las dos piernas)”, afirma Francisco Molina-Rueda, investigador del departamento de Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Rehabilitación y Medicina Física de la URJC y otro de los autores del trabajo.

Respecto a la mejora de la calidad vida, aunque los investigadores han observado un incremento de la percepción de bienestar en casi todos los menores, los datos no muestran diferencias estadísticamente significativas. “Es posible que la calidad de vida percibida no mejorase porque es un parámetro muy difícil de cuantificar en niños”, reconoce Muñoz.

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