Sábado, 27 Mayo, 2017

Así fue la investigación que sitúa a Granada en el mapa mundial de la lucha contra el alzheimer

Tras el impacto internacional que ha tenido el anuncio de Neuron Bio al solicitar una patente para simplificar y agilizar la detección del alzheimer, la firma investigadora residente en el Parque Tecnológico de la Salud continúa su actividad con un objetivo claro: perfeccionar su sistema para que se pueda "prever" quién padecerá la enfermedad en un futuro y poder así tratarla a tiempo.

Una de las investigadoras trabaja en los laboratorios | Foto: F.W. Alanzor


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Fueron de los primeros en llegar al PTS. Por aquel entonces, en el año 2006, esa parte de la Vega de Granada apenas comenzaba a desarrollarse, con edificios como el BIC acogiendo a empresas recién llegadas a la ciudad. Fue el caso de Neuron Bio, que casi diez años después de su implantación en ese campo de sueños con base en el I+D+i, ha dado un paso de gigante en la lucha contra el alzheimer, al solicitar una patente que, por lo pronto, simplificará y hará mucho más llevadera la prueba de detección de una enfermedad que solo en España padecen más de un millón de personas.

Atrás quedan tres años de desarrollo, peleas por conseguir financiación y una apuesta clara por la investigación biomédica en el corazón del Parque Tecnológico de la Salud. Sobre este periodo, sus retos y dificultades y el presente más inmediato de la lucha contra el alzheimer hablan Javier Burgos, director general de Neuron Bio y Soraya Santana, una de sus principales investigadoras.

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DE LA TEORÍA A LA REALIDAD

Uno de los preludios que han desembocado en la nueva prueba para detectar el alzheimer se escribió en Madrid, concretamente en su Universidad Autónoma, en donde cursó sus estudios Soraya Santana: licenciada en Biología, en Bioquímica y con un doctorado en Biología y Bioquímica Molecular, esta joven ha sido una de las responsables de que Granada se sitúe hoy entre los lugares destacados a nivel mundial en cuanto a investigación sobre alzheimer. “Mi madre está muy contenta”, dice entre risas la joven, que saltó de la Autónoma a Neuron Bio de manera casi inmediata. “Es bastante complicado pasar de ser un doctor en el papel a que te consideren doctor y que te contraten como tal en una empresa en privada”, reconoce Santana, quien se trabajó su suerte en un país en el que no es especialmente fácil investigar tras los recortes en I+D+i de los últimos seis años.

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Soraya Santana – Investigadora de Neuron Bio

De esas dificultades también habla el director general de Neuron Bio, quien afirma que “conseguir financiación para investigación en España es muy complicado. Los países del sur de Europa sufrimos más porque no tenemos una cultura demasiado arraigada en la investigación”. De ahí se desprende el famoso “que inventen ellos”, de Miguel de Unamuno, un aforismo que España combatió durante los primeros años del siglo XXI y que amenaza con volver a la sombra de la crisis económica. “Aquí las posibilidades son financiarse por vía privada o vía mercados públicos”, comenta Burgos, cuya empresa cotiza en el mercado alternativo bursatil.

Actualmente España se encuentra en el puesto 17 en la Europa de los 28 en cuanto a inversión en I+D+i. El país destinó el año pasado un 1,24 por ciento de su PIB a investigación, una cifra que está lejos de aproximarse a las de las potencias europeas en este campo, según publica el Eurostat; Alemania, Austria o los países nórdicos destinan entorno a un 3 por ciento de su PIB a este respecto, una diferencia con respecto a España de la que se han venido quejando los científicos españoles en los últimos años.

“Actualmente se habla del cambio productivo de este país. Si nos fijamos en los países ricos, lo son porque han invertido en I+D+i desde hace décadas y no al revés. La cultura de la investigación nos hace cambiar el modelo productivo a 30 ó 40 años. Ahora es cuando tenemos que invertir para que dentro de 40 años tengamos un país con una capacidad muy importante”. Es la reflexión de Javier Burgos, quien cita el desequilibrio en balanza tecnológica española -las patentes que se compran frente a las patentes que se venden-.

En cuanto a las cifras económicas de un descubrimiento como el que ha realizado Neurón Bio, Burgos echa mano de la memoria para citar los 11 millones de euros que su empresa lleva invertidos en investigación, de los cuales 10 “y pico” son de inversores privados.

LAS DIFICULTADES

Ese dinero y tiempo invertidos a lo largo de tres años han tenido que ir sorteando diferentes complicaciones a lo largo del camino, como recuerda Soraya Santana en uno de los laboratorios que su empresa tiene en el edificio BIC -la firma se ha ido expandiendo y ahora ocupan varias zonas y plantas-. El suyo ha sido un camino con “una experiencia acumulada de muchos años” en la que alrededor de 20 personas se han visto implicadas de una manera u otra en la investigación.

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Javier Burgos – Director general de Neuron Bio

Preguntada por los momentos más delicados del desarrollo de esta patente, la investigadora explica la dificultad de reclutar pacientes, “de ahí la importancia de hacer una red de hospitales y de centros ambulatorios que nos permitan reclutar esos pacientes y obtener las muestras. Ha sido difícil porque orquestar todo el sistema es bastante complejo, tienes que estar en contacto con neurólogos, con bancos de muestras… muchos organismos que te permiten obtener esas muestras”. El Ramón y Cajal o el Virgen de las Nieves han sido algunos de los hospitales que han colaborado con Neuron Bio para el desarrollo de la prueba, en la que también ha intervenido el Ministerio de Economía o la Junta de Andalucía en materia de financiación: “nos han ayudado puntualmente las diferentes administraciones con financiación que no son necesariamente subvenciones, son prestamos que luego la empresa tiene que devolver. Este tipo de ayudas es importante que se diga que son competitivas, no te las dan automáticamente, tienes que presentar un proyecto viable, atractivo  y con posibles”, comenta Javier Burgos en la sala de juntas de su empresa, minutos antes de empezar una reunión dentro de una semana trepidante.

Y AHORA, ¿QUÉ?

Una semana trepidante que marca el inicio de una nueva etapa para la empresa investigadora con sede en Granada y también en Madrid. Ahora queda todo lo demás, que es mucho. “Estamos en un momento muy interesante de la lucha contra el alzheimer porque está cambiando el dogma que imperaba en los últimos 20 ó 25 años”, explica Javier Burgos. Hasta el momento se ha utilizado una “dinámica terapéutica muy concreta que con el tiempo los investigadores nos hemos dado cuenta de que no era la correcta”. Así que ahora hay que volver a replantear la manera de afrontar una de las enfermedades más importantes del siglo XXI en el mundo desarrollado, aunque eso sí, la experiencia de estos años, asegura Burgos, no se ha perdido: “no tenemos cerca la cura y cada vez va a haber más enfermos. Sí que todos esos años de investigación nos han servido para aprender mucho y hacer mejores desarrollo y fármacos que esperemos que funcionen”.

Por el momento, el siguiente paso sería perfeccionar la nueva prueba para que se pueda prever quién podría llegar a padecer la enfermedad. “Ahora las investigaciones se centran en etapas anteriores a la enfermedad de alzheimer y lo que queremos es atacar las etapas tempranas, porque una vez que el alzheimer ya se ha desarrollado no podemos revertir el curso de la enfermedad”, concreta Soraya mientras enseña cómo funciona uno de los caros robots que ayudan a los investigadores en su día a día, una cotidianidad que a partir de ahora será seguida de cerca por la comunidad científica internacional, que ya sitúa a Granada como uno de los centros más importantes en la lucha contra el alzheimer.

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