Martes, 13 de Noviembre de 2018

            

Apartamentos turísticos: regulación, fiscalización…

Imagen ilustrativa | Archivo GD
Ramón Ramos


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Ha tenido que venir la Semana Santa, con toda su gran afluencia de turistas y visitantes para que de forma lateral encontremos un dato para la preocupación que afecta a la hostelería, pero también y sobre todo a la vivienda. Una Semana Santa que este año venía adelantada a marzo, lo que en años como este se suele traducir en un adelanto de las contrataciones en la hostelería, el único sector -no lo olvidemos- pujante hasta la tendencia al monocultivo en la lacerada economía provincial.

Pues bien, Semana Santa en marzo y han llegado las cifras del empleo en ese mes… con un escuálido aumento de las contrataciones. El dato de marzo, así, invita a pensar en una ‘foto fija’ del mercado laboral ligado a la hostelería. Esto es lo que hay. Mientras Rajoy se enteraba este jueves de quiénes son las ‘Kelly’ -a ver si algún juez menos lingüista y más sensible también se da por aludido- y las carnes se abren calculando el dinero público que se emplea en limpiar calzadas y aceras por la cera de las procesiones -ya que a las cofradías no les sale del capirote evitar su caída a la vía pública-, la Federación de Hostelería ha vuelto a levantar la voz alertando sobre la competencia desigual que suponen los apartamentos turísticos que han crecido en los últimos años sin freno ni previsión.

Hace tres años la Junta promovió una reunión a varias bandas, con Ayuntamiento, Diputación, etcétera… al estilo que monta la Junta estas cosas: se va estudiar… vamos a promover… analizaremos… todos nos hemos comprometido… Aquí estamos tres años después, sin otra novedad que no sea el crecimiento y la buena salud del problema.

Más confío yo en una regulación de Hacienda que en las acciones que puedan prometer y prometan las instituciones, sea la Junta o el Ayuntamiento. En efecto, para el departamento de Cristóbal Montoro debe ser un caramelo bastante goloso la fiscalización de una actividad dentro del sector hotelero que se mueve en una nebulosa de regulación con bastantes posibilidades de eludir controles y actuar en los bordes de la clandestinidad.

He aquí dos caras de un problema: competencia de apartamentos turísticos, con la consiguiente merma de ingresos y necesidades laborales en la hostelería tradicional. Y dificultad de fiscalización de los reales ingresos y beneficios en unos alquileres que se realizan principalmente a través de internet.

Hasta aquí hemos llegado y ahora sí parece que vamos a actuar. Entretanto, este crecimiento de los apartamentos turísticos ha arrojado otra cara al problema de la vivienda en España que al parecer ha pasado desapercibido a los poderes públicos. Me refiero al aumento de las tarifas de alquiler como consecuencia de que a los propietarios de los pisos les resulta más rentable y menos molesto poner la casa a disposición de visitantes del fin de semana que a familias necesitadas de un derecho básico.

Más demanda y menos oferta. Esta es la consecuencia de abandonar un derecho reconocido en la Constitución a la lógica del mercado. No hay más que asomarse y bucear por las ‘webs’ para apercibirse del fenómeno que ha disparado los precios. Con un añadido: la ‘expulsión’ de los vecinos habitantes de barrios céntricos y tradicionales para pasar una vivienda de alquiler al régimen de apartamentos turísticos. Y cada día más, los centros de las ciudades deshabitados a partir del cierre de la jornada comercial.

Pero, nada, no hay de qué preocuparse. En un país en el que los desahucios han constituido un problema nacional merecedor de un respuesta como cuestión de Estado, como emergencia nacional, ¡qué más da que los centros urbanos se despueblen!, ¡qué más da que los alquileres suban a unas tarifas imposibles de alcanzar con unos ingresos familiares medios! Eso sí, que los empresarios merman sus ingresos, ¡a regular! Que Hacienda no controla beneficios, ¡a fiscalizar!

 


Comments

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  1. Magnifico artículo. La verdad y nada más que la verdad!. Que voy a proceder a tuitear ahora mismo, para a ver si lo ve alguno de nuestros representantes institucionales, particularmente los de la Junta de Andalucia. Esto es un despropósito consentido y la Junta con la cabeza debajo del ala!.