Martes, 28 Marzo, 2017

Amores que matan



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Son ya más de uno y de dos los partidos que el Granada ha jugado el sábado a las 22.00 horas. Día y hora de la semana apuntado en rojo para miles de planes y ninguno de ellos relacionado con quedarse en el sofá de casa a ver unos apasionantes Málaga-Granada o Celta-Granada… quien tiene novia, mujer, hijos y, sobre todo, amigos, entenderá perfectamente esta reflexión. La vida de hoy es una pelea diaria llena de toneladas de sinsabores que ha elevado a categoría de muy sagrado el poco tiempo libre del que disponemos. Si lo vamos a invertir en ver un partido de fútbol del Granada, lo mínimo es que esas dos horas, más allá de felicidad o tristeza por el resultado final, sirvan de entretenimiento y no de cenicero de enfados e insultos ante el lamentable espectáculo frente a tus ojos.
Quizás muchos de vosotros no estéis de acuerdo y yo vivo en otra realidad, pero conozco a bastantes y entre ellos el que les escribe, que así se sienten cada vez que tienen que ver un partido del Granada. El tedio, el sopor y la «malaleche» que te entra es de nota. En Guantánamo están meditando poner un partido de los de Caparrós como método de tortura. Dos de los últimos 21 puntos. Dos goles en estas siete jornadas, para un total de seis en once partidos de Liga: el peor registro de los veinte clubes de Primera. Y, lo más deprimente, una imagen de equipo cagón y pequeño, con más empeño en lograr un 0-0 que en proponer una victoria.
Sí, a pesar de todo ello, el Granada es decimocuarto con diez puntos y está uno por encima de la salvación, pero no seamos inocentes ni nos pongamos una venda en los ojos por este dato ni por un simple empate (a cero, por supuesto) en Balaídos ante uno de los equipos revelaciones del torneo. Con este modo de jugar y de afrontar los partidos más pronto que tarde el equipo caerá en descenso. Para mí, a día de hoy, el Granada es el peor equipo de Liga. Me duele en el alma escribirlo, pero así lo veo. Y aún así, seguiré invirtiendo mi escueto y valioso tiempo libre en ponerme delante de la televisión un fin de semana tras otro para ver a nuestro Granada. Hay amores que matan.

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