Viernes, 21 Julio, 2017

            

Amigo Sancho, la Iglesia

Foto: E.P
Pedro Vaquero del Pozo


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Las desgravaciones fiscales en España equivalen al 25% de la recaudación. Como consecuencia de ello, Hacienda no recauda 50.000 millones de euros, de forma que la pérdida por desgravaciones fiscales en España es un 5 ó 6% mayor que en la UE. Otro dato: la media de lo que se recauda por las empresas es un 7 ú 8%, cuando el tipo aplicable por el Impuesto de Sociedades es del 30%; la contribución al IRPF de las rentas del trabajo es de un 85% de su total. ¡Menos mal que pagan las trabajadores españoles! Al final va a tener razón esa abogada del Estado llamada María Dolores Ripoll cuando para defender a la infanta Cristina dijo que ese slogan de que Hacienda somos todos era mera publicidad. Y tanto.

Uno de los contribuyentes mejor tratado en España es la Iglesia Católica. En realidad ni Hacienda sabe cuál es el patrimonio real de la Iglesia, pues el origen de su dinero se identifica con el “cepillo”, esto es, con los donativos de los fieles, las entradas a templos, museos eclesiásticos, la venta de bienes inmatriculados, etc, que no tributan. El Estado no controla la cuantía ni a qué lo dedica, pese al montante que ello pueda suponer, si incluimos todas las iglesias, catedrales, santuarios, ermitas, monasterios, tanto de barrios, como de pueblos rurales o metrópolis urbanas. Por el contrario, sostiene las finanzas de la Iglesia Católica, como manda el Acuerdo Iglesia-Estado español (1979), a través de varios mecanismos:

– Exención de lo recaudado como tales o contribuciones de los fieles por los servicios religiosos prestados, tales como misas, bodas, bautizos, sepelios, extremaunciones, etc. La gestión de todo esto depende de las diócesis, pues ni siquiera la Conferencia Episcopal puede controlar o gestionar esto. Esta autonomía de las diócesis sólo tiene un límite: cada cinco años deben dar cuenta a Roma de sus balances. Pero el Vaticano queda muy lejos y no es precisamente ejemplo de transparencia financiera.

– La Iglesia Católica es la única religión que tiene el privilegio de que Hacienda contribuya con ella a la hora de recaudar una parte fundamental de su financiación, al facilitar que el católico o mero ciudadano que lo desee pueda poner una cruz en su declaración de la renta para que se le pase a la Iglesia el 0’7%. E incluso de la otra opción, la cruz en la casilla de “fines sociales” también repercute indirectamente en la Iglesia, pues buena parte de ese otro 0’7% se va a Cáritas, la ONG de la Iglesia Católica, y a otras ONGs de algunas órdenes religiosas, como Manos Unidas. ¿Qué hace la Iglesia con ese dinero? Ella sabrá, pues los ciudadanos españoles no lo sabemos ni podemos saberlo.

– Por imposición legal se exime del pago del IBI (impuesto sobre bienes inmuebles) a la Iglesia, que sin embargo cobra alquileres a los miles de edificios que ya no se usan en actividades que antaño lo hacían. Por ejemplo el arzobispado de Granada percibió en 2011 la cantidad de 372.000 euros, además de los dos millones de euros en colectas, mientras que se gastó 1.433.000 euros en el funcionamiento del arzobispado.

– Lo que es un auténtico abuso (por no llamarlo expolio o simplemente robo) es el registro masivo como propios de bienes de dominio público (casas parroquiales, templos, ermitas, cementerios, fincas y arbolados) que no estaban registrados como titularidad de nadie y que distintas instituciones católicas aprovecharon una normativa hipotecaria que emana del franquismo para inscribirlos a su nombre, y en muchos casos ponerlos inmediatamente a la venta. Aznar, en vez de arreglar esta desfachatez, lo amplió integrando los templos entre los bienes que la Iglesia podía registrar. ¿En qué cuantía? ¿Cuánto ha sacado la Iglesia con esas ventas? Ni registradores ni notarios ni las autoridades eclesiásticas dan cifras concretas, e incluso insinúan que es imposible darlas, dada la dispersión de las entidades eclesiásticas que han practicada esto y la multiplicidad de mecanismos que ha seguido la postventa de dichos bienes públicos.

¿No encubre esta falta de transparencia otro tipo de corrupción masiva? Con la Iglesia hemos topado amigo Sancho… 

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