Martes, 28 Marzo, 2017

Amaxofobia: miedo a conducir

Pánico a conducir

Una chica con pánico al volante | Foto: E.P


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¿Has sufrido alguna vez amaxofobia? Cuando existe un miedo a conducir que nos restringe nuestra capacidad de actuación, la posibilidad de entablar relaciones sociales y que llega a afectar a nuestra calidad de vida hablamos de amaxofobia.

Según explica a Infosalus F. Javier Díaz Calero, psicólogo clínico y especialista en el tratamiento de la amaxofobia, quienes sufren este trastorno fóbico evitan y huyen de situaciones propias de la conducción y si, sin poder evitarlo, se ven inmersas en una de ellas pueden llegar a sufrir un ataque de pánico.

En un ataque de pánico como el que puede vivir un amaxofóbico intervienen tres componentes: físicos, emocionales y cognitivos. Entre los primeros se encuentran un aumento en la frecuencia cardíaca (taquicardia), dificultad para respirar, mareos, vértigos o sudoración y se presentan emociones de terror intenso que se combinan con pensamientos catastrofistas, de pérdida de control o deseos de huir de la situación.

Díaz Calero introdujo en España a inicios de la pasada década el término ‘amaxofobia’ y como psicólogo y profesor de autoescuela ha trabajado a lo largo de las pasadas dos décadas ayudando a personas con esta fobia a conducir sin miedo. El especialista señala que existen tres tipos clásicos de amaxofóbicos:

1. Aquellas personas que empiezan a aprender con miedo y, aunque consiguen el carnet de conducir tras superar los exámenes, dejan de conducir. Según el especialista este no es un porcentaje elevado entre los amaxofóbicos.

2. Quienes llevan muchos años conduciendo con normalidad (hasta 15 años incluso) y en situaciones de estrés personal, laboral o económico empiezan a desarrollar ansiedad que vuelcan en el volante. Este constituye el grupo más importante de fóbicos a la conducción.

“Son personas que empiezan a sentirse mal al volante, en autopista, con la velocidad o en las grandes rectas y que buscan situaciones en las que puedan parar. Desechan las autovías, puentes o túneles y ven cada vez más restringidos sus movimientos a determinados circuitos de conducción”, señala Díaz Calero.

3. Personas que han sufrido un accidente de tráfico grave y desarrollan miedo a volver a conducir. Es un tipo también habitual y que puede estar unido al síndrome de estrés postraumático.

La persona con amaxofobia puede presentar o no patologías asociadas, lo que sí señala Díaz Calero es la relación que mantiene este miedo irracional con la agorafobia.

“Un agorafóbico puede desarrollar síntomas amaxofóbicos dado que su fobia está asociada a la ansiedad a los lugares abiertos o cerrados, depende de su situación espacial. Al espacio reducido que supone un coche hay que unir la posibilidad de conducir por grandes espacios abiertos como puede ser una autopista y la interacción con otros coches”, señala el psicólogo.

FOBIA A CONDUCIR SON EL ESTRÉS

Los factores de riesgo que pueden predisponer a la fobia a conducir son el estrés, problemas de autoestima, ansiedad generalizada y rasgos de la personalidad como la autoexigencia, en la que la persona tiende a compararse con otros conductores y siente que puede molestar, o una mentalidad muy controladora, dado que las situaciones de conducción constituyen situaciones sociales en las que existen múltiples factores que la persona no puede controlar.

Si no se controla este miedo a conducir, la persona deja de hacerlo o bien se restringe a zonas urbanas y lugares concretos para emplear el coche. Esto puede llegar a afectar en gran medida a las relaciones sociales y laborales, la autoestima y la calidad de vida. “La vida social se puede ver limitada si se vive en la periferia y al estar acostumbrado al coche propio los medios de transporte públicos se observan como una opción poco deseable”, señala Díaz Calero.

PÉRDIDA DE HABILIDAD Y MIEDO, PRIMOS HERMANOS

Acudir a consulta a tratar el problema se vuelve la única salida cuando hay una necesidad vital de volver a conducir, ya sea por la separación de la pareja que ejercía de ‘chofer’ o por una oportunidad laboral. El tratamiento entonces se basa en la exposición segura y progresiva de la persona a la conducción que evite, a través de un proceso controlado, que se reproduzcan las situaciones de pánico.

“Si no se conduce se pierde habilidad y esto genera más inseguridad en la persona que entra en un círculo vicioso. Hay que comenzar ‘atacando’ el componente cognitivo de los pensamientos de incapacidad y mejorar la habilidad al volante”, señala Díaz Calero, que trabaja con la persona acompañándola en un coche de autoescuela en una primera fase para luego subir al de la persona y seguir la terapia.

“Estamos hablando de personas con una fobia muy grave y los tiempos para superarla son muy variables ya que depende de factores como el nivel de conducción o si han dejado de conducir por ciudad, pero se requieren de 10 a 15 sesiones mínimas para bajar los niveles de ansiedad”, señala el psicólogo.

Díaz Calero concluye que no hay que confundir la amaxofobia con niveles de miedo bajos razonables asociados a la falta de experiencia que pueden tener quienes se deciden a aprender a conducir o los conductores noveles.

“Cuando aprendemos a conducir no sólo deberíamos saber cómo se maneja la máquina sino también cómo gestionar las emociones y adquirir autoconfianza al volante durante el proceso”, concluye el psicólogo clínico, que ejerce en la Autoescuela Gala de Madrid.

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