Sábado, 16 Diciembre, 2017

            

Aldaima, la voz de los niños que esperan

Treinta dos niños aguardan en Granada a ser acogidos por una familia para procurarles un hogar, mientras la reintegración en su familia biológica sea posible | Aldaima gestiona en Granada los Programas de Acogimiento Familiar de la Junta de Andalucía desde 1998



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“¿Quién es mamá?, ¿quién es papá?, ¿quién soy yo? ¿Qué es una familia?”. Estas son, entre otras muchas, las preguntas que un niño se formula desde la infancia más temprana, quizá antes de adquirir el lenguaje con el que verbalizarlas. Un niño pequeño, aún sin hablar, inquiere cuando mira. Y son las respuestas a esas preguntas las que construyen y fijan un orden simbólico en el que cada elemento, papá, mamá, el deseo que se profesan, el amor que me demuestran, cumple una función. De alguna forma sostienen esa consciencia temprana y fundamentan la construcción de su propia identidad, de su estabilidad emocional, contribuyen al adulto feliz que un día pueda ser.

No basta con amor y sin amor, nada basta. Muchas son las necesidades que un niño tiene, no sólo afectivas -alimento, vestimenta, o educación- y todas ellas son atendidas en el seno de la familia. Sin embargo, la vida adulta no está exenta -a menudo todo lo contrario- de circunstancias crueles que resquebrajan el ideal familiar, el andamiaje afectivo del menor: malos tratos o abusos sexuales, a menudo envueltos en miseria, son los actos contra natura que llegan a atentar contra la infancia. Fruto de ello, la administración interviene en pos del menor retirando la custodia a los padres y haciéndose cargo de estos niños.

EL INICIO DEL CAMINO

La primera parada de estos menores es un CAI o Centro de Acogida Inmediata. Un lugar donde, apartados de sus familias, se les ofrece una primera acogida de urgencia fruto de una supuesta situación de desprotección, aunque se desconoce en profundidad la problemática real. Posteriormente se le ofrece un recurso residencial adaptado a las necesidades de cada menor.

Sin embargo, el sistema de protección de la Junta de Andalucía no se queda ahí. Su principal objetivo es trabajar en la situación que ha motivado la separación forzosa del niño, trabajar en las circunstancias del menor y de la familia biológica y procurar restituir el estado original familiar, garantizando el bienestar del menor. Es un proceso es largo, puede llevar meses, años o a veces nunca se da esa posibilidad, en favor del menor. ¿Qué hacer entonces mientras tanto? Es entonces cuando asociaciones como Aldaima entran en escena.

“SOMOS LA VOZ DE LOS NIÑOS QUE ESPERAN”

Aldaima es una asociación granadina que lleva desde 1998 trabajando en el campo de la protección del menor, promocionando y gestionando los Programas de Acogimiento Familiar de menores que la Junta de Andalucía desarrolla en Granada, al tiempo que intervienen mediante proyectos en la prevención del maltrato infantil.

Siendo la familia el mejor lugar posible para el crecimiento de un niño, Aldaima trabaja en la búsqueda de familias que deseen acoger a un menor. Hay diferentes programas, en atención a las distintas necesidades de acogida que cada niño tenga. El acogimiento de urgencia, especialmente indicado para los más pequeños, en los que la familia acogedora ha de tener plena disponibilidad de al menos uno de sus miembros, entre otros requisitos. El acogimiento familiar simple, que no suele exceder de los dos años y que tiene carácter transitorio; el acogimiento familiar profesionalizado, donde los acogedores deben tener “una formación adecuada para asumir el cuidado y educación de menores con graves necesidades especiales” y el acogimiento familiar permanente, donde no hay previsión de reinserción del menor en la familia biológica y puede durar hasta la mayoría de edad.

LA CHARLA

Son las seis de la tarde de un viernes en el Centro Cívico de un pueblo del cinturón granadino. Unas quince personas, fundamentalmente mujeres, atienden a la charla que Karima, presidenta de Aldaima, ofrece junto a padres acogedores que han venido a contar su experiencia. Karima tiene una voz cálida, probablemente el mejor vehículo para transmitir un mensaje de acogida. 

Karima cuenta con claridad meridiana al auditorio quiénes son y qué es lo que hacen. Da cifras alentadoras “unos seiscientos menores” en cuya acogida han intervenido hasta la fecha, mientras reconoce que la acogida es “una medida de protección muy desconocida” por lo que “parte de nuestro trabajo es ese, darlo a conocer a la ciudadanía”. Este año han vivido en acogida 300 niños en la provincia de Granada, mientras que 32 están a la espera: “somos la voz de los niños que esperan” es la bella frase que escoge para expresarlo. Niños que “son como vuestros hijos con la única diferencia de que parten de un punto de adversidad”.

Desde el principio sienta el propósito primordial de la acogida, su deseable carácter transitorio que permita la reinserción del menor. Tanto es así, como que el Decreto 282/2002 de Acogimiento familiar y adopción, establece en su artículo 15 que en la acogida familiar permanente se establecen, entre otros criterios, la “ausencia de perspectiva de adopción” y la “ausencia de previsión de retorno”. Incluso que durante el acogimiento son posibles las visitas de los niños con sus padres biológicos, porque no se pretende la ruptura del vínculo familiar.

Y es precisamente el acogimiento familiar permanente “el que más nos ha traído hoy aquí”, ya que se trata de menores donde no hay previsión de reinserción y “necesitamos de una familia ‘equis’, en la que crecer”. Ella lo glosa diciendo que “acoger es hacer parte de tu familia a un niño”.

“TE LO PAGAN EL DOBLE”, EL TESTIMONIO DE UN PADRE VALIENTE

Junto a Karima dos familias ofrecen su experiencia. Toma la palabra él, cabeza de familia y único progenitor -una dificultad añadida-, que acoge a un niño desde hace algo más de año y medio. Sus palabras estremecen, son un ejemplo de valentía e insistencia. Confiesa que estos niños “a pesar de que tienen muchas dificultades te lo pagan el doble”. Los comienzos no fueron fáciles, algo que él lo califica de “normal”, teniendo que adaptar horarios laborales. Su “hijo”, porque no sabe llamarlo de otra manera, procede de una situación difícil con su familia biológica y afortunadamente evoluciona para mejor. Este año y medio de acogimiento lo califica de “maravilloso, no me planteo otra cosa, a pesar de las dificultades” y lanza un petición: “si se puede hay que intentar acoger y si yo puedo, pueden muchas familias”.

“LOS AFECTOS SE SUPERPONEN”

Luis y Laura -así los llamaremos- acogen a un niño desde hace siete años, quien vive con una hija biológia . Ella toma la palabra asegurando que su experiencia pudiera no ser representativa “porque todo ha sido muy fácil”. Un lapsus resume la integración de “su niño” en la familia cuando dice que “hemos tenido los mismos pequeños problemas de la vida diaria que tenemos con nuestra hija no biológica”, confesando tras las risas que “ya no somos capaces de distinguir el origen porque los afectos se superponen”. Lo llaman hijo, sin ambages.

Transmiten tranquilidad: “no hay ninguna dificultad, y si los niños ven esto con naturalidad, lo llevan con naturalidad”. En su caso el niño va a ver a su madre “con total normalidad”. Igualmente quieren quitar “el miedo a que te lo quiten”, porque “esto se hace desde el deseo de compartir, porque se trata de que el niño encuentre una casa donde este bien, no que nosotros encontremos un niño o niña que queramos.” Y resume en una frase la situación: “como llevamos siete años a mí me cuesta trabajo recordar que estoy aquí porque tengo un niño que no es mi hijo, porque es mi hijo, con independencia del origen”.

UN DESEO MEDITADO

Tras los aplausos que siguen a sus relatos vitales, Karima recuerda que tienen “un reto, encontrar familia a esos 32 niños”. La audiencia se levanta. Una mujer se acerca a Chusa, trabajadora social de Aldaima, con un gesto sosegado de interés. Probablemente trajera ya consigo un deseo meditado antes de entrar en el auditorio.

Todos aquellos interesados que no acudieron, pueden llamar al 900 101 438, hay 32 niños que esperan.

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