Sábado, 16 Diciembre, 2017

            

Alaya y los sindicatos

Ignacio Pozo


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Como medida de precaución se ha dotado de seguridad a la jueza Alaya, y tal como se están desarrollando los acontecimientos motivos sobran para justificar tal medida; el escrache sufrido a las puertas de su juzgado por sindicalistas al grito tan estudiado y culto de “fea” o “pija” denotan el grado cultural y de respeto a que nos tienen acostumbrados al resto de ciudadanos estos sujetos. Lo cierto es que las actuaciones e imputaciones llevadas a cabo por la jueza pone de manifiesto la presunta existencia de enriquecimiento injusto de las organizaciones sindicales representadas por sus dirigentes detenidos. Según la Guardia Civil sí ha habido desvío de subvenciones a las arcas sindicales de forma ilícita y, al parecer, la nueva línea de investigación de esta jueza se ha decidido tras la convicción de la Unidad Central Operativa (OCU) del Benemérito instituto, que trasladó a la juez, de que e han pagado al meno 4.291.380,10 € a los “entornos” de las centrales sindicales UGT y CCOO. Hay que recordar que estos hechos no son nuevos, ya que el propio ex directivo de la mediadora Vitalia Antonio Albarracín, en prisión provisional, ya confesó a la jueza que cada sindicato de los mencionados podrían cobrar una comisión de 1% a distribuir entre cada sindicato inverviente en los acuerdos de los Eres aprobados.

Estos son los hechos y la respuesta de los adláteres de los gerifaltes sindicalistas ha sido una larga y extensa lista de insultos a la jueza. La escueta raya que separa un escrache de un ataque físico a la jueza, lo delata la fiereza de los gestos e insultos de sus atacantes. Salvando la distancia y cualquier coincidencia, en la historia ha habido varios casos de jueces que por su escrupulosa dedicación profesional al trabajo de la judicatura han pagado con su vida su deber. No hace muchos años, el famoso juez italiano Falcone fue “volado” literalmente con una bomba de mil kilos por la mafia siciliana. Era el instructor del maxi proceso de Palermo contra la citada banda. La orden fue dada por el capo de la mafia y su muerte, según cuentan las crónicas de la época, fue festejada en la cárcel por todos los cientos de mafiosos que tenia encerrados.

Ha sido bochornoso y “comercialmente” malísima la campaña iniciada por los sindicatos para desacreditar a la jueza y ensalzar a sus compañeros. Nada mas patético y grotesco que las fotografiás en las que aparecen jaleando a la jueza detrás de jarras de cervezas y buenos mariscos para defender a unos imputados por delitos económicos que afectan, nada mas y nada menos, que a los colectivos menos favorecidos: los parados, y por ende a todos los trabajadores que dicen representar.

Los sindicatos están funcionarizados de una forma aun peor que la propia administración. Esta ultima, al menos, depende de unas jefaturas establecidas y jerarquizadas a las que se le piden resultados, los sindicatos no. Los sindicatos mayoritarios son dos grandes aparatos burocráticos al que a muchos ya identifican como defensores de privilegios propios, ajenos de los problemas reales de los trabajadores que esta crisis deja en el desempleo y en la mas absoluta ruina. En tanto, ellos con sus blindajes y subvenciones se acercan mas a los beatifoul que a las bases que dicen representar. La necesidad del cambio de formas y contenido de los sindicatos se hace más que necesario como resortes propios de la sociedad democrática, en caso contrario van hacia su autodestrucción.

 

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