Sábado, 25 Noviembre, 2017

            

Ahora toca aprender a emprender

Ana del Moral


image_print

Los comienzos de este siglo XXI están marcados por dos significativas notas: estamos inmersos en un entorno cambiante y padecemos una complicada coyuntura económica global. Este escenario nos enfrenta a retos en materia de crecimiento económico, innovación y búsqueda de bienestar social.

En esta tesitura es vital subrayar tres aspectos: primero, la importancia que tiene la transferencia del conocimiento desde el mundo académico al sector productivo; segundo, cada vez es más necesario acercar la investigación a la sociedad; y por último debemos propiciar las condiciones para lograr una verdadera economía basada en el conocimiento. Es bueno intentar compaginar Investigación y Emprendimiento.

Hoy día podemos decir que la Universidad no solo ha de proponerse generar y difundir el conocimiento, se ocupa también de formar personas capaces de proyectar un futuro mejor; prepara a sus alumnos para ser miembros útiles de la sociedad. No es ajena a este segundo objetivo la búsqueda de un trabajo.

Combinemos ambas líneas de reflexión y aflorará de inmediato una idea con fuerza: crear empresas a partir de las investigaciones realizadas en la facultad. Esto es lo que tradicionalmente se conoce como spin off, término anglosajón que podríamos traducir como “escisión” o “derivación”. La mejor forma de conseguir la transferencia del conocimiento desde el mundo académico al productivo es mediante la creación de Empresas de Base Tecnológica.

Las spin off constituyen el máximo ejemplo de un modelo educativo que enlaza el mundo académico con el empresarial. Transferir los conocimientos científicos y tecnológicos de las instituciones públicas universidades al ámbito empresarial y rentabilizar económicamente lo que hasta ese momento era un proyecto de ámbito académico que no trascendía a los muros de la Universidad.

Para guiarse en esta aventura las universidades españolas cuentan con las Oficinas de Transferencia de los Resultados de Investigación (OTRI). Ellas actúan como interlocutores entre el investigador y el sector empresarial. Ofrecen asesoramiento continuo sobre patentes, estudios de mercado sobre la viabilidad del producto y sirven de puente entre el emprendedor y las fuentes de financiación.

Una spin-off – y me dispongo a enumerar sus características- está fundada por investigadores o científicos con apoyo de la institución; se crea para explotar tecnologías generadas en la Universidad o centro equivalente como el CSIC; constituye un puente directo entre la capacidad innovadora y el mercado de bienes y servicios; ha de ser flexible, basada en la innovación y capaces de adaptarse a los cambios. Finalmente señalaré que son empresas en su mayoría pequeñas, con poco personal muy cualificado, pero que ofrecen bienes y servicios de alto valor añadido.

¿Por qué invitar a un investigador a esta aventura? Porque reportará beneficios no sólo al emprendedor sino también a la institución y a la sociedad.

¿Hay algo más satisfactorio que ver el fruto de tu trabajo al servicio de la sociedad? Una spin-off universitaria es la manera más rápida y eficiente de comprobar si tu investigación tiene aplicación a la empresa.

Está claro que nuestra investigación, nuestras publicaciones científicas, nos han servido a los profesores universitarios para formarnos. Desde un punto de vista práctico, nos han valido para forjar un curriculum que nos ha permitido ascender en la categoría profesional universitaria. Sin embargo, poner todos estos años de trabajo al servicio de la sociedad es mucho más.

Otro interesante beneficio es generar oportunidades laborales a estudiantes postdoctorales, a tus propios alumnos. Una spin-off universitaria es una buena alternativa y plan de futuro para becarios de un grupo de investigación que quieran dar un salto a la empresa sin desligarse totalmente de la Universidad, más aún hoy día, que obtener una plaza en la Universidad se ha convertido en una misión, casi imposible.

Una spin-off es, asimismo, fuente de ingresos adicionales para la propia investigación si resulta rentable. Pero aún sin haber obtenido rentabilidad, al formar una Empresa de Base Tecnológica, las posibilidades de obtener ayudas, préstamos e incentivos se incrementan exponencialmente, porque son numerosos los programas enfocados específicamente a ayudar en este campo a los que me referiré más adelante.

Y ¿por qué no hablar de méritos? Estamos actualmente inmersos en evaluaciones de las Agencias de Calidad. La ANECA incorporó en el baremo para la acreditación del profesorado universitario un apartado dónde se valoran específicamente los méritos relacionados con la “Transferencia de conocimiento”. Volvemos a obtener retorno para no descuidar nuestro curriculum.

Finalmente puede ser fuente de ingresos. En relación a esto me gustaría hacer una reflexión. Parece que la palabra “negocio” tiene una connotación negativa cuando se trata de un investigador. Es como si estuviera mal visto que un científico se dedicara a una actividad lucrativa. Ciencia y lucro serían conceptos reñidos, como antagónicos. Hay que olvidar estos prejuicios; ¡No hacemos negocio, creamos empleo! Y si se obtienen beneficios, nada hay reprochable: será justo fruto del trabajo esforzado y arriesgado.

No solo supone ventajas para el investigador, sino también para la Institución, en nuestro caso la Universidad, obtendrá buenos réditos. Se potencian las relaciones Institución-Empresa a través de actividades de I+D+i, surgirán ideas para la generación de nuevas investigaciones y se abrirá una salida laboral para investigadores que terminan su ciclo formativo-investigador en la Universidad.

Y finalmente, “last but not least”, lo que realmente ha de primar: beneficios para la sociedad: acercar la investigación a la sociedad, y sobre todo crear empleo. 4.093.508 parados según datos recientes del Servicio Público de Empleo Estatal del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Esta es la realidad más contundente que hoy tenemos en nuestro país. Nada más que por esta razón tendríamos que intentarlo, por responsabilidad social.

Pero no olvidemos los inconvenientes que pueden frenar al investigador que piensa en esta aventura. Crear una spin off no es fácil. En primer lugar porque no todos los resultados de investigación pueden ser trasladados, sin más, al mercado. Pero no pesan solo las dificultades objetivas. Tres carencias subrayaría: al investigador le falta experiencia, tiempo y, salvo contadas ocasiones, recursos económicos.

En relación a la experiencia, está claro que no sabemos gestionar una empresa. Muchos se empeñan en convertir al investigador en gestor. Es fundamental involucrar al investigador en la realización del plan de empresa y en el devenir de la misma, pero sin necesidad de que sea él directamente quien realice las tareas de gestión.

Segunda carencia: el profesor/investigador no tiene mucho tiempo disponible. Ante esa objeción no cabe más que recordar que la ley permite pedir una excedencia de cinco años.

Y en relación a los recursos económicos, en las primeras etapas cuentan con los llamados fondos de capital semilla, los “business angels”, las subvenciones públicas con diferentes programas de apoyo y aportaciones de los propios promotores y allegados.

En los últimos años, universidades, administraciones e instituciones públicas y organismos europeos han aumentado notablemente la cantidad y calidad de sus ayudas en este campo. Podemos mencionar el Programa Torres Quevedo que financia la contratación de personal de I+D altamente cualificado. También son interesantes los proyectos motrices de la Junta de Andalucía, los proyectos europeos, Feder-Interconecta o el programa Neotec ofertados por el Ministerio de Economía y Competitividad. En Europa CORDIS (Servicio de Información Comunitario sobre Investigación y Desarrollo) aglutina todas las actuaciones comunitarias en este campo sin olvidar Horizonte 2020 con el apartado “Instrumento PYME” que proporciona un esquema de financiación en fases dirigido a dar apoyo a aquellas PYMEs que tenga la ambición de crecer, desarrollarse e internacionalizarse a través de un proyecto de innovación de dimensión Europea.

Crear una spin off es una auténtica aventura para un investigador que además viene ejerciendo como docente y tutor. Ahora toca aprender a emprender. ¿Por qué no intentarlo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *