Domingo, 24 Septiembre, 2017

            

Acorralado

Foto: José Luis Zurita Urbano
José Luis Zurita Urbano


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Farsalia,  agosto del 48 ac . Las seis legiones con las que cuenta Cayo Julio César llevan semanas comiendo poco más que raíces y bebiendo lo que sacan de pozos excavados por la necesidad.  A su espalda una tierra yerma que la debilidad les impide usar como escapatoria. Frente a ellos la opulencia, desde el último legionario hasta los senadores rebosan en provisiones y  seguridad en la victoria. Cayo Julio César y su ejército están acorralados.

Pompeyo teme lo que fue su enemigo aunque frente a él sólo ve sombras y hambre. Opta por no plantear batalla y que la naturaleza haga su trabajo. Los senadores hinchados de orgullo le tratan de cobarde mientras se reparten los restos de la herencia de César.

Tras el #20D he dudado sí comparar a Pedro Sánchez con Pirro, rey de Épiro, o con Cayo Julio César ante una de sus situaciones límite como fue la batalla decisiva de la Guerra Civil contra Pompeyo y el Senado. El asunto es que primero debería asumir la sensatez de Pirro y ver que este rosario de “victorias” que lleva el PSOE les lleva a la irrelevancia. Una vez asumida la realidad como hizo el rey de Épiro le toca plantear una estrategia para intentar salir de airoso del acoso por tantos flancos como está recibiendo.


Cada amanecer de ese verano riguroso en la Grecia central las legiones cesarianas se colocan en orden de batalla pero a las pocas horas regresan al campamento. A pesar de su manifiesta superioridad Pompeyo sigue  respetando a su colega de triunvirato y se niega a plantar batalla. La presión también se ceba en el bando que tiene las de ganar y le exigen que remate la faena. Por fin cede y coloca sus casi sesenta mil legionarios frente a los harapientos cesarianos.


Un plan audaz y la seguridad de que ya no les queda tiempo, que están ante su última oportunidad, infunde a las legiones de César de una eficacia tal que arrasa con la prepotencia de los que se creen vencedores antes de luchar. Fuera cálculos y aquí y ahora acabará todo. Desbordadas las líneas pompeyanas por los flancos y por el centro Pompeyo y los miembros del senado se largan. El derrumbe es ya definitivo y allí acabo todo. De acorralados a vencedores en pocas horas.

El PSOE ya no puede esperar y aunque la mera comparación de Pedro Sánchez con Cayo Julio César roce la ofensa su situación es igual de desesperada salvando las distancias. El jefe de Ferraz  tiene un tercer frente en su retaguardia que llega al sur de Despeñaperros.

La audacia es su único camino. Someterse a Podemos será el fin, dejar gobernar al PP por la presión de los mercados es la muerte lenta atravesando el páramo.  Debe tomar la iniciativa y sorprender con un plan socialdemócrata ambicioso y de manual que firmará el PP aplaudiendo con la orejas con tal de mantener el poder.

Derogación de todo el abuso que representan muchos puntos de la reforma laboral. Sobre la mesa la ley de la educación que diseñó Gabilondo.  Exigencia de fondos para la ley de la dependencia y de la memoria histórica. Un plan para reflotar el i+d+I . Transformación del senado en cámara territorial o su eliminación.  Eliminación de la diputaciones -funcionarios y competencias a las ccaa. Poner patas arriba la financiación autonómica y el encaje de las nacionalidades históricas en la España del siglo XXI.
Un plan que modernice España y que sea aceptado por el partido conservador como moneda de cambio de la abstención. Y como guinda exigir que Mariano Rajoy vuelva a su registro de Santa Pola y deje de perder dinero por dedicarse a la política.

Los objetivos claro que justifican las acciones y 
el PSOE tiene que elegir entre liderar con audacia las reformas de este Estado que hace aguas o sucumbir acorralado y sin dignidad tras más de 130 años de existencia.

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