Lunes, 24 Septiembre, 2018

            

A vueltas con Lorca

Federico García Lorca | Fuente: ArchivoGD
RAMÓN RAMOS


image_print

A vueltas con la búsqueda de Lorca, inasequibles al desaliento, otra vez vuelven a la carga, dispuestos si llega el caso a agujerear la provincia entera, mientras su obstinación da pábulo a las teorías más peregrinas, al coste -eso sí- de reforzar el argumento con el que la derecha más rancia siempre despachó el debate sobre la barbarie desatada entre Víznar y Alfacar: total, no fue para tanto y de todas formas cualquier exceso allí se enmarca en los excesos de todas las guerras, que de paso también se cometieron en el otro bando y no solo en el llamado nacional.
En este último término, todo se sustenta en una información periodística de hace algunos años que habla de que al remover las tierras para perimetrar y dar forma al actual parque aparecieron huesos que fueron trasladados a otro lugar, no se sabe si remoto o colindante en el entorno de la fuente que allí luce en la actualidad. La fuente de esa información -dicho con todos los respetos- era un político ya retirado que cualquier ‘plumilla’ que coincidiera en los días en que se mantenía en activo sabe que si los huesos aparecen en Pontevedra es capaz de decir que él ya lo sabía… De hecho, el periódico local que publicó esta información la había publicado un par de años antes, en página par y en faldón inferior. Es decir, que no le dio mucha credibilidad hasta que, sin que se sepa por qué, tiempo después apareció en portada y a cinco columnas.
Tampoco es que con eso se gane mucho crédito: por ese tiempo también salió a cinco columnas y en portada el hallazgo del cadáver de nuestro universal poeta. ‘El cadáver de Lorca yace de medio lado junto a otros dos cuerpos en una fosa de Alfacar’. Más o menos, escribo de memoria, el titular fue ese, reforzado con una infografía donde se reconocía la silueta ladeada de Federico. Al día siguiente, nada. Apagón informativo. El mismo apagón informativo del día después que cuando dijeron tener una grabación de Lorca, publicado con la rimbombancia de las cinco columnas de portada y el generoso anuncio de que sería entregada a la comunidad internacional, conscientes de “la importancia de nuestro hallazgo”. Al día siguiente, nada. Silencio. Apagón informativo.

Esto de la infografía fue cuando la primera cata, la primera vez que clavaban la estaca del georradar que tantas veces ha vuelto, ha buscado, ha rastreado, ha excavado… han removido en cuadrados concéntricos hasta la superficie de un campo de fútbol… y no han encontrado nada. Nada. No es que no aparezca el poeta o sus restos. Es que no aparece nada. Sin respeto a los deseos y el derecho de los familiares, los herederos de Lorca tantas veces retratados en esta recóndita columna en sus actitudes retardatorias con respecto a la llegada del legado pero que en cuanto a los restos mortales están en su pleno derecho de negarse a la búsqueda. La obra literaria de Lorca pertenece al mundo entero; el cadáver, no.

En los más de ochenta años transcurridos desde aquella tragedia la zona fue repoblada con pinos, en una operación intencionada para dificultar la curiosidad de investigadores extranjeros que se interesaban por conocer y difundir la verdad enterrada en aquel paraje. Con la construcción del Valle de los Caídos, cadáveres de republicanos que allí yacían fueron desenterrados y sin permiso de sus familiares trasladados al mausoleo franquista, en una operación que en paralelo se desarrolló en todas las provincias de España. Se levantó el Parque. Con el proyecto de construcción de un campo de fútbol, ya en los 90, se volvió a remover la tierra. Crecieron las construcciones en el entorno…

Ha sacado Ian Gibson una nueva edición de su impagable investigación en torno al asesinato de Federico. Una nueva edición que no añade gran cosa a lo ya sabido, en primer lugar porque lo sustancial del caso se conoce casi en su totalidad. Los detalles que faltan poco pueden añadir. La verdad histórica ha sido establecida, Si se llega a saber algo más, bien. Y si no, también.

Eso sí, en esta época de desmesura y desenfreno en las redes sociales, en este tiempo en el que el público demanda más espectáculo que información, todos dan certeza a teorías como esa que sostiene que la familia lo enterró debajo de la Huerta de San Vicente. O que está en Valderrubio. O en una finca de Nerja. Teorías todas que han surgido en estos últimos años y que jamás nadie sacó a colación en años inmediatos o posteriores a aquel asesinato, cuando todavía vivos algunos de los que habrían participado en el supuesto traslado de alguna forma habrían desvelado el secreto mediante testimonio oral, imposible de guardar en el olvido o el secreto, dado el interés que siempre ha acompañado a este caso en Granada. Todos los que lanzan o multiplican bulos ponen a la familia como actora del traslado. Y yo me pregunto: ¿por qué si la familia dio cristiana sepultura tendría que ocultarlo? ¿Acaso es una deshonra? Lo hizo, sin ninguna dificultad ni oprobio por parte del bando franquista, la familia del entonces alcalde republicano Manuel Fernández Montesinos, casado con una hermana del poeta, y lo hicieron otras familias de Granada en el horror de aquellos días. De haberlo hecho los García-Lorca, no tenían por qué ocultarlo, razón por la cual me resisto a creer semejantes infundios mientras alguien no aporte algo que no sean meras conjeturas sin ninguna sujeción en dato cierto.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.