Jueves, 30 Marzo, 2017

091| Melodías prohibidas con instrumentos prohibidos

El concierto es igual al de la noche anterior, pero no por ello disminuye su interés

Foto: Javi Tejero
Javi Tejero


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Creo que más o menos así lo decían en Braveheart. Se me vino esa frase a la cabeza una de las veces que las lágrimas empañaron mi visión. Y es que la liturgia, una vez más, estaba en marcha. No importa que estés al límite de tus fuerzas, no importa que la inspiración se resista esta noche o que los vatios te incomoden o te dificulten tu tarea; una vez que la liturgia empieza no hay vuelta atrás, hay que cumplirla tal como está concebida.

Segundo día de resurrección en Granada, día grande en la plaza de toros. El tiempo, hoy sí, acompaña, y parece que la ciudad entera es un hervidero desde primera hora de la mañana.

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Otros granadinos son los encargados de darles la entrada hoy a los cero. A las nueve en punto El Hombre Garabato hace su aparición en escena, orgullosos y agradecidos de la oportunidad que se les brinda. Las ganas y la ilusión enseguida se extienden por el coso, seguimos celebrando el vivir la música en la ciudad más bonita del mundo. El ruedo se va llenando, sin nubes que hagan atisbar cualquier intento de duda.

Llega el turno de los 091, llega el día y la hora más esperados; se sabe que hay lleno, y que las ganas de todos desbordan cualquier eventualidad. Parece que vivo el mismo sueño de nuevo… No, más bien sigo dentro del mismo sueño. Todo es tal y como lo recordaba: la ropa negra, la sobriedad, la música prohibida con instrumentos prohibidos… Las guitarras y la armónica rasgan el cielo granadino en busca de una respuesta que sólo se puede intuir, nunca saber.

El concierto es igual al de la noche anterior, pero no por ello disminuye su interés. Apenas se aprecian diferencias, si acaso algún síntoma momentáneo de ir con las fuerzas justas. No se puede dejar ni una frase sin corear, ni un movimiento de guitarra imaginaria sin hacer, ni un movimiento de cabeza para marcar una parte fuerte… Las casi 10000 personas allí congregadas alzan al cielo los estribillos, convierten La canción del espantapájaros en un grito unánime al vacío, marcan las palmas como una máquina gigante en Otros como yo…

La emoción se intensifica al mirar alrededor y ver cómo disfrutan tus amigos, tus hermanos, y gente a la que no conoces, pero como si conocieras; compartimos un código que sólo nosotros entendemos. Qué más se puede decir…

No importa que las fuerzas flaqueen, no importa lo que vayas a hacer mañana. Sólo importa el ahora, sólo importa la liturgia que todos conocemos. Vivan los cero.

Comments

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  1. “compartimos un código que sólo nosotros entendemos”, eso es!! Y en ese código se incluyen las intensas emociones tan difíciles de explicar, para los que no lo comparten.